“El bloqueo es un acto de guerra económica en tiempo de paz”. Por: Bruno Rodríguez Parrilla

Discurso del canciller cubano Bruno Rodríguez Parrilla en Naciones Unidas. Foto: @BrunoRguezP

Señor Presidente:

Señores delegados:

El impacto de la pandemia de covid-19 ha puesto al descubierto, como nunca antes, la verdadera esencia del injusto e insostenible orden internacional prevaleciente.

Jamás la humanidad tuvo este formidable potencial científico-técnico, ni esta extraordinaria capacidad de generación de riqueza y bienestar y, sin embargo, nunca antes el mundo fue tan desigual y la inequidad tan profunda.

828 millones personas, el 10 por ciento de la población mundial, padecen de hambre y cerca de 50 millones de niños y niñas sufren de emaciación, la forma de malnutrición más mortífera.

El desempleo afectará a 207 millones de personas en 2022, 21 millones más que en 2019. En plena cuarta revolución industrial, 773 millones de seres humanos no saben leer ni escribir.

Cerca de 6.5 millones de personas han muerto debido a la pandemia de la covid-19. Las vacunas para enfrentarla son inaccesibles para mil millones de personas en países de bajos ingresos. En 2021, las trasnacionales farmacéuticas ganaron 84.588 millones de dólares.

La deuda externa ha sido varias veces pagada pero se multiplica. Paradójicamente, el gasto militar mundial crece de manera vertiginosa y supera por primera vez los 2 millones de millones de dólares.

Nada justifica que la humanidad siga estando amenazada por la existencia de casi 13 mil armas nucleares. Abogamos por la universalidad del Tratado sobre la Prohibición de las Armas Nucleares.

¿Cuánto más podríamos hacer si esos recursos se destinaran a promover la salud y el desarrollo? ¿Cuántas muertes por covid-19 y otras causas habrían podido evitarse? ¿Cuántos niños y niñas se salvarían del hambre y las enfermedades prevenibles o curables?

Señor Presidente:

Los gases de efecto invernadero registraron concentraciones récord en 2021 y será igual en 2022. El nivel medio del mar ha alcanzado un nuevo máximo. Los últimos siete años son los más cálidos registrados jamás.

No podemos continuar desoyendo las alarmas que alertan sobre la inminente catástrofe climática. Tenemos una sola Tierra, único hogar de todos. Hay que actuar sin más demora.

La “filosofía de la guerra y el despojo”, y los irracionales patrones de producción y consumo del capitalismo, llevarán a la hecatombe.

Las relaciones internacionales transitan por un camino muy peligroso. La ofensiva estadounidense dirigida a subyugar Estados por vía de la amenaza y la coerción económica, militar y político-diplomática, para someterlos a un orden basado en sus caprichosas reglas, unido a la expansión de la OTAN y el desarrollo de una doctrina agresiva y de la guerra no convencional de quinta generación, conducen inevitablemente a un clima de tensión y conflicto, cuyas consecuencias son impredecibles.

 Señor Presidente:

Cuba, pequeño Estado insular en desarrollo, ha pagado un alto precio por defender su legítimo derecho a existir como nación soberana e independiente.

Durante más de seis décadas, hemos resistido un despiadado y unilateral bloqueo económico, comercial y financiero recrudecido en extremo a niveles sin precedentes desde el 2019 y durante la pandemia.

A treinta años de la primera resolución de esta Asamblea contra el bloqueo, el gobierno de los Estados Unidos continúa ignorando la demanda casi unánime de la comunidad internacional para que cese su política ilegal y cruel contra Cuba.

Persiste el empeño de generar carencias materiales, escasez, sufrimiento, sembrar el desaliento, la insatisfacción y provocar daños al pueblo cubano.

El Gobierno de los Estados Unidos refuerza las presiones a gobiernos, instituciones bancarias y compañías de todo el mundo interesados en relacionarse con Cuba y persigue obsesivamente todas las fuentes de ingreso y de entrada de divisas al país, para provocar el colapso económico.

Como resultado, la economía cubana ha experimentado presiones extraordinarias, que se manifiestan en la industria, las prestaciones de servicios, la escasez de los alimentos y medicinas y el deterioro del nivel de consumo y bienestar general de la población.

El daño humano que genera esta política a todas las familias cubanas, imposible de cuantificar, es enorme, cruel e inmoral.

El bloqueo es un acto de guerra económica en tiempo de paz.

El actual gobierno de los Estados Unidos mantiene vigentes las medidas de presión más agresivas contra nuestro país adoptadas por el gobierno del presidente Donald Trump.

Continúa la injustificada inclusión de Cuba en la lista arbitraria y unilateral que emite el Departamento de Estado de países que supuestamente patrocinan el terrorismo.

Esa calumniosa calificación impone un estigma sobre nuestras entidades e instituciones, y dificulta en extremo las transacciones financieras y comerciales, y las posibilidades de pagos y créditos.

Cuba, que ha sido víctima del terrorismo de Estado, no promueve ni promoverá jamás el terrorismo. Por el contrario, lo condenamos en todas sus formas y manifestaciones.

El gobierno de los Estados Unidos manipula con oportunismo temas de alta sensibilidad como el terrorismo, la religión, la democracia, la justicia, la corrupción y los derechos humanos.

El doble rasero, la incoherencia, la selectividad, la manipulación política, dañan la causa de los derechos humanos.

El discurso precedente del canciller checo, que no se atreve a mencionar el crimen del bloqueo a Cuba, es un triste ejemplo.

Hemos alertado claramente al gobierno de los Estados Unidos de que deben solucionarse los factores que alientan la migración irregular y provocan pérdidas de vidas, como el incumplimiento, por su parte, desde el 2017, de su obligación, según los acuerdos bilaterales vigentes, de otorgar no menos de 20 000 visas anuales para migrantes; la existencia de la Ley de Ajuste Cubano, el trato privilegiado con motivación política, las presiones restrictivas sobre países de tránsito regular, y el bloqueo económico reforzado.

El anuncio de hoy de que el procesamiento de visas de migrantes retornará a la embajada de los Estados Unidos en La Habana es un paso positivo.

Cuba reitera la disposición de avanzar hacia un mejor entendimiento con el gobierno de los Estados Unidos y desarrollar relaciones civilizadas e incluso de cooperación entre ambos países, sobre la base del respeto mutuo, la igualdad soberana y sin menoscabo de nuestra independencia y soberanía, a pesar de profundas diferencias.

Resaltamos el valioso compromiso y las recientes manifestaciones de cubanos y descendientes de cubanos en todas las latitudes y en este país, de respeto a los derechos soberanos de Cuba y el rechazo a la agresión despiadada de los Estados Unidos, en particular el bloqueo económico.

Agradezco también profundamente las declaraciones de jefes de Estado y de Gobierno en este debate general, el respaldo histórico de esta Asamblea y las muestras de solidaridad hacia Cuba por parte de gobiernos, personalidades, organizaciones políticas y movimientos de solidaridad, sociales y populares del mundo entero.

Hoy, esa solidaridad y apoyo siguen siendo imprescindibles.

Señor Presidente:

A pesar de los enormes desafíos, el pueblo y gobierno cubanos no han cejado en su empeño de avanzar en la construcción de una sociedad socialista más justa, democrática, próspera y sostenible.

Vencimos la covid-19 con recursos, vacunas propias, y la solidez de nuestro sistema de salud pública y de ciencia. Pudimos colaborar modestamente con el envío de 58 brigadas médicas en el peor momento de la pandemia a 42 países y territorios.

Trabajamos por recuperar la vida económica y social del país; apoyar la transformación de nuestras comunidades, y sostener y ampliar los programas sociales.

Seguimos perfeccionando nuestro ordenamiento jurídico, de nuestro Estado Socialista de derecho y justicia social, para asegurar el pleno disfrute de todos los derechos humanos por todas las cubanas y cubanos, y enriquecer el sistema de justicia social que han disfrutado varias generaciones.

El próximo 25 de septiembre, luego de un amplio proceso de participación y consulta popular, tendrá lugar el referendo legislativo sobre un novedoso e inclusivo Código de las Familias. Será un ejercicio de genuina democracia directa y poder efectivo del pueblo cubano.

Señor Presidente:

La “unidad en la diversidad” propuesta por el entonces presidente Raúl Castro es posible en los países del Sur y la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños que se fortalece cada vez más y va creando las condiciones para que nuestra región avance hacia formas superiores de integración y cooperación, sobre la base de los postulados de la Proclama de América Latina y el Caribe como Zona de Paz.

Agradecemos la digna postura asumida por varios países de nuestra región ante las arbitrarias exclusiones en foros hemisféricos.

Renovamos nuestro apoyo y solidaridad con la República Bolivariana de Venezuela, su presidente constitucional, Nicolás Maduro Moros, y la unidad cívico militar de su pueblo, ante los intentos por desestabilizar y subvertir el orden interno de ese hermano país. Rechazamos la aplicación de medidas coercitivas unilaterales contra Venezuela.

Denunciamos los intentos imperialistas de desestabilizar al Gobierno de Reconciliación y Unidad Nacional de Nicaragua. Reiteramos nuestro firme respaldo al hermano pueblo nicaragüense y a su presidente, Daniel Ortega.

Nos solidarizamos con las hermanas naciones del Caribe y apoyamos su legítimo reclamo de reparación por los dañinos efectos del colonialismo y la esclavitud. Ellos necesitan y merecen recibir un trato justo, especial y diferenciado.

Ratificamos nuestro compromiso histórico con la libre determinación y la independencia del pueblo de Puerto Rico.

Haití necesita una contribución especial de la comunidad internacional para su reconstrucción y desarrollo. La Humanidad tiene una deuda con esa República fundacional.

Apoyamos el legítimo reclamo del presidente Alberto Fernández y del pueblo de soberanía de la República Argentina sobre las Islas Malvinas, Sándwich del Sur y Georgias del Sur, y los espacios marítimos circundantes.

Expresamos toda nuestra solidaridad a la vicepresidenta argentina, Cristina Fernández de Kirchner, quien víctima de un injusto e infundado acoso judicial y mediático, sufrió recientemente un vil intento de asesinato.

Reiteramos el firme compromiso con la paz en Colombia. La manifiesta disposición a la paz del actual presidente Gustavo Petro y de las partes concernidas, merecen contar con el apoyo de la región y la comunidad internacional.

Deben aportarse los recursos necesarios para apoyar la Agenda 2063 de la Unión Africana, que fija la hoja de ruta para el desarrollo de ese continente hermano.

Abogamos por la búsqueda de una solución pacífica y negociada a la situación impuesta a Siria, y demandamos el cese de la injerencia externa y el pleno respeto a su soberanía e integridad territorial.

Apoyamos una solución justa, amplia, y duradera al conflicto del Medio Oriente, que garantice el ejercicio real del derecho inalienable del pueblo palestino a construir su propio Estado dentro de las fronteras anteriores a 1967, con su capital en Jerusalén Oriental, y el fin de la ocupación israelí de los territorios palestinos ocupados.

Reafirmamos nuestra invariable solidaridad con el pueblo saharaui.

Rechazamos las medidas coercitivas unilaterales impuestas a la República Islámica de Irán.

Condenamos la imposición de injustas medidas económicas unilaterales contra la República Popular Democrática de Corea y la injerencia externa en sus asuntos.

Nos oponemos a la injerencia en los asuntos internos de la República de Belarús.

Reafirmamos nuestro rechazo a la imposición de sanciones unilaterales contra la Federación de Rusia.

Condenamos las campañas infundadas de descrédito contra la República Popular China y los intentos de lesionar su integridad territorial y soberanía. Reiteramos el inquebrantable respaldo al principio de Una Sola China.

Abogamos por una solución diplomática seria, constructiva y realista de la actual guerra en Ucrania, por medios pacíficos y en apego a las normas del Derecho Internacional, que garantice la seguridad y soberanía de todos.

Señor Presidente:

Cuba continuará alzando su voz para rechazar la dominación y el hegemonismo, las medidas coercitivas unilaterales, los bloqueos genocidas y la pretensión de imponer una cultura y un modelo únicos al mundo.

No renunciaremos jamás a la defensa de la independencia, soberanía y libre determinación de los pueblos, sin injerencia ni intervención extranjeras.

Por nuestro pasado glorioso, por el presente y futuro de las nuevas generaciones de cubanos, con el liderazgo del presidente Miguel Díaz-Canel, resistiremos creativamente y lucharemos sin descanso hasta alcanzar nuestros sueños de paz y desarrollo con equidad y justicia social para Cuba y para el mundo.

Muchas gracias.

En video, discurso de Bruno Rodríguez

Incoherencia. Por: Michel E Torres Corona

Quien se diga revolucionario debe siempre decir lo que piensa y debe hacer según lo que dice. Foto: José Manuel Correa.

Nuestros enemigos se pueden dar el oscuro lujo de la incoherencia, ese mezquino placer de decir una cosa y luego hacer otra, de defender hoy una causa y mañana denostarla. Nuestros enemigos pueden abjurar de todos sus principios, de esos ideales que alguna vez prometieron salvaguardar al precio de cualquier sacrificio.

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El vidrio. Por: Michel E Torres Corona

Foto: Caricatura de Pedro.

En diálogo patético con uno de esos “influencers del odio” que pululan por el turbulento ecosistema miamense, cierto humorista en decadencia afirmó, en (aparente) broma, que estaba haciendo de todo por salir en Con Filo, pero que no lo complacían. “Mira que me esfuerzo, chico”, decía entre risas, “pero no me sacan”.

Pasó el tiempo y pasó un águila por el mar. El programa Con Filo, eventualmente, hizo una mención fugaz, casi imperceptible, de aquel humorista en decadencia, tan risueño él. Resultado: una directa de más de dos horas, en las que el otrora actor del ICRT, devenido furibundo opositor y ocasional youtuber, juró una y mil veces que él no era una mala persona. Que él era santo, santo, santo…

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Crítica y polémica en el vacío posmoderno.

Por: Néstor Kohan

Fragmento del prólogo al libro La isla posibleEnsayos sobre ideología y revolución, del intelectual cubano Enrique Ubieta (Buenos Aires, Ediciones Acercándonos, 2022)

“¿Y si juntamos lo mejor del capitalismo y el socialismo?”. ¡Vaya propuesta repleta de dislates y disparates! Tal vez sería divertido formular esa pregunta después de probar un cigarro de marihuana. ¡Las ensoñaciones imaginarias no son pecado! Soñar no cuesta nada, dice el refrán popular. Incluso el mundo de la imaginación y las ensoñaciones ayuda a llevar mejor la vida. Aunque entre sueños y realidad suele haber… una pequeñísima distancia.

Pero si dejamos las bromas referidas a la marihuana al costado y pretendemos un mínimo de seriedad intelectual, formulemos esa misma pregunta a Bill Gates, Elon Musk, Carlos Slim o George Soros a ver cómo la responden. O tal vez podríamos interrogar a los magnates que lideran el Foro Social de Davos a ver si acuerdan.

A propósito de esa interrogación, recuerdo una visita del pensador belga Ernest Mandel, en marzo de 1993, a la Universidad de Buenos Aires (UBA). Mandel era uno de los mayores economistas marxistas del mundo. Hasta representantes del FMI o del Banco Mundial, enemigos a muerte de sus teorías, querían conocerlo en persona (según el testimonio de algunos discípulos suyos).

Mandel también estuvo en la isla caribeña en los años sesenta y participó en “el debate cubano” (1963-1964). Cuando llegó a Buenos Aires en 1993, hace ya tres décadas y a poco tiempo de la caída del Muro de Berlín y la implosión de la Unión Soviética (de la cual él era crítico), dio una conferencia en la UBA. Todo el mundo fue a escucharlo. A mí me tocó hacerlo de pie, porque ya no cabía un alma en el recinto, junto al profesor José Sazbón (uno de los mayores eruditos de la cultura de izquierda argentina).

Su conferencia no se grabó ni filmó, lamentablemente. Pero la recuerdo al detalle. Allí Mandel, en uno de sus pasajes centrales, nos dijo: “Ustedes en Argentina idealizan a los países y sociedades escandinavos. Particularmente a Suecia. Lo que ustedes no saben es que en esos países, modelos de la ‘socialdemocracia’ a nivel mundial, gobiernan en realidad cuatro o cinco familias de poderosos millonarios”. No era la advertencia de un improvisado o un diletante sino la de alguien que sustentaba sus análisis con datos, estadísticas y una cantidad abrumadora de estudios, libros y trabajos de investigación empírica. Como europeo occidental, conocía de primera mano aquello de lo que estaba hablando.

Al leer algunas de las polémicas del libro de Enrique Ubieta, me da la impresión de que esa misma idealización de la socialdemocracia nórdica también prolifera en Cuba, a pesar de que los principales países escandinavos han solicitado recientemente su ingreso a la OTAN, abandonando toda pose de “neutralidad”. Es decir, subordinándose completamente, sin pena ni gloria, al neoliberalismo furioso y a la política belicista del imperialismo norteamericano y occidental.

¿Serán entonces un modelo realista para el futuro de Cuba? ¿O lo que le espera a esta isla irredenta, si rompe definitivamente con el socialismo e inicia su “aterrizaje suave” en la economía social de mercado es…, sin mayores vueltas, Puerto Rico? Cualquier polémica sobre la socialdemocracia para Cuba no debería eludir estas preguntas.

Sigamos entonces con los cantos de sirena que apabullan el bombardeo mediático de la dictadura del algoritmo: “No discutamos de ideología, discutamos de bienes de consumo de última generación. ¿A quién le interesa la mejor vacuna cubana contra la pandemia de la COVID-19 comparada con el televisor gigante y el último automóvil a la moda en Miami?”.

En otras palabras: “Si nos subordinamos al águila, vamos a tener en la vidriera el más reciente modelo de teléfono inteligente, la última versión de las computadoras de diseño y la motocicleta que utilizan los winners (ganadores), aunque nos cueste perder la bandera propia, nuestro lenguaje, nuestro cine, nuestra literatura y nuestra identidad”.

Para expresarlo con claridad y sin ambigüedades: ¿qué importa si dejamos de ser Cuba y nos convertimos en Puerto Rico, si a cambio llegan las mejores marcas de ropa, los sintetizadores que reemplazan una orquesta entera y los teléfonos celulares más complejos?

Aunque el problema macro que recorre todo el libro de Enrique Ubieta gira en torno al debate de fondo sobre las ideologías en pugna, las perspectivas que el autor va recorriendo para abordar estos problemas y responder aquellas interrogaciones se ubican en diferentes niveles y dimensiones.

A nuestro entender, principalmente tres: (a) las discusiones estratégicas, de índole prioritariamente teóricas; (b) los debates y polémicas políticas y (c) las reflexiones aparentemente minimalistas e “inocentes” sobre la vida cotidiana.

No hay nada más práctico que una buena teoría

¿Cómo convencer a todo un pueblo de que, por fin, se rinda y reciba con los brazos abiertos a su enemigo histórico?

Recordemos que los grandes teóricos de las confrontaciones y conflictos, el prusiano Karl von Clausewitz y el británico Basil Liddell Hart, sostenían en sus respectivas doctrinas que “la mejor guerra es la que se gana sin combatir”. Para ello hay que desarmar ideológicamente al enemigo que se pretende someter. Persuadirlo que es inútil toda resistencia. Si la fuerza de quien resiste reposa en su firmeza ideológica, pues entonces: ¿qué mejor que pretender abandonar toda ideología?

Ubieta nos explica con gran claridad y en forma muy amena, para que lo entienda todo el mundo, que el repetitivo eslogan “¡fin de las ideologías!” es, también, él mismo, una ideología.

¿En qué consiste, para el caso específico cubano, esta ideología del “fin de todas las ideologías” y el reclamado abandono del “lenguaje polarizante”? Simplemente, en una invitación a estrecharnos en un abrazo perverso entre exrevolucionarios, cansados o conversos, con el viejo y ya senil amo imperial. Esto es, recibir con amabilidad, mansedumbre y el mayor complejo de inferioridad imaginado a quienes sometieron durante seis décadas al pueblo cubano a un bloqueo irracional, condenado por la casi totalidad de la comunidad internacional. Aceptar el regreso, con el sombrero en la mano, la cabeza gacha y la mirada dirigida hacia el suelo, de quienes intentaron asesinar más de 600 veces al principal dirigente histórico de la Revolución cubana. Considerar como “hermanos de la misma familia” a los especialistas en técnicas de tortura, maestros de varias generaciones de fuerzas represivas latinoamericanas.

Aquellos mismos que se vanaglorian públicamente (en videos, entrevistas, libros de memorias) de ser “expertos” en golpes de Estado, procesos electorales fraudulentos, arquitectos del lawfare, injerencismo en países soberanos. Los principales responsables de cientos de miles de personas desaparecidas en todo el continente (desde Guatemala, El Salvador y Perú hasta Chile, Argentina y Brasil). Los que utilizaron el narcotráfico y la venta ilegal de armas para financiar a la contrainsurgencia en Nicaragua, asesinando monjas, maestras y médicos.

Quienes nos invitan con cara de feliz cumpleaños y en un tono suave y amable a “abandonar las anteojeras ideológicas” pretenden que las víctimas y sus verdugos se estrechen mejilla con mejilla, pecho con pecho, brazo con brazo.

Pero el abordaje del problema de las ideologías y la teoría que las estudia (se la conciba como “falsa conciencia” o como “concepción del mundo vinculada a intereses”) no es abordado por Ubieta en términos genéricos y universales como lo hacen los especialistas Terry Eagleton o Carlos Pereyra, siguiendo las enseñanzas de La ideología alemana de Marx y Engels o los Cuadernos de la cárcel de Gramsci.

Enrique Ubieta terrenaliza aquel debate remitiendo la discusión teórica de las ideologías a otros problemas, vitales, cruciales y fundamentales para comprender a Cuba, su conflicto con el imperialismo norteamericano y sus variados intentos de navegar por aguas inciertas hacia una sociedad más justa: el socialismo.

En ese punto, el libro recupera y prolonga la dimensión historicista y dialéctica que se interroga por la pluralidad y coexistencia de múltiples contradicciones en la sociedad contemporánea, tratando de escudriñar cuál es la principal y cuáles son las secundarias. El autor encuentra que la principal contradicción social del mundo actual (marcado a fuego por la crisis del imperialismo entendido como sistema mundial, no exento de desarrollos desiguales, dependencias, saqueo, explotación, etc.) es aquella cuyo antagonismo irreductible enfrenta a “los países explotadores” con los “pueblos y países explotados”.

De allí infiere que Cuba, antigua colonia española, luego país dependiente y neocolonia norteamericana, que logra su independencia y autodeterminación nacional a partir del triunfo del movimiento revolucionario encabezado por Fidel Castro, solamente podrá mantener dicha autodeterminación como nación soberana (frente al “autonomismo” y el “anexionismo”, vestidos con nuevos ropajes) si al mismo tiempo se mantiene firme en esa búsqueda de una nueva sociedad no capitalista, conocida popularmente como el socialismo.

Rápidamente, el autor nos aclara que no existe un modelo único de socialismo y que este no constituye un punto fijo y estático de llegada de una vez y para toda la eternidad. Dejando a un lado aquellas viejas definiciones de manual que la vida misma puso en crisis, Ubieta considera que el socialismo es un proceso abierto y un camino sin final preasegurado de antemano. Nunca un estado de cosas cristalizado y detenido en la historia.

Hecha esta aclaración fundamental, agrega que si se abandona el proyecto socialista en nombre de los cantos de sirena del pragmatismo mercantil, automáticamente Cuba perderá su independencia soberana y su autodeterminación nacional. Por eso, según sus argumentos, resulta fatuo y vacío pretender separar a José Martí de Marx, Fidel y el Che.

No pueden existir un “patriotismo” ni un “nacionalismo” cubanos (donde Miami y La Habana podrían, por fin, bailar la misma melodía, jugando al dominó y comiendo frijoles) que no sean al mismo tiempo antiimperialistas y socialistas. No por una definición de diccionario, no por un espíritu “axiomático” ni un dogma de manual, sino por la experiencia histórica.

El imperialismo se ha fagocitado a numerosas revoluciones que no pudieron o no supieron ir a fondo. Allí están los ejemplos, incluso triunfantes, de la revolución mexicana de comienzos del siglo XX o la revolución boliviana de 1952. ¡Ambas triunfaron! Pero no pudieron ir a fondo, no se plantearon dejar atrás el capitalismo dependiente, por eso terminaron retrocediendo y finalmente restaurando las relaciones de explotación y dominación previas a los triunfos revolucionarios.

Con esa apabullante y demoledora experiencia continental en la espalda, ajena a todo dogma “ideológico”, lo más pragmático, lo más realista y lo más viable es continuar navegando contra viento, marea y huracanes en búsqueda de una sociedad más justa, el socialismo, sin dibujar “modelos” de pizarrón, predeterminados de antemano.

A 90 millas del monstruo que en plena crisis y declive hoy pretende arrastrar al planeta entero hacia la guerra nuclear, Cuba no puede darse el lujo de pretender ser Suecia, como sueñan los “cubanoamericanos” (aquellos del “aterrizaje suave”) y varias becarias de la Fundación Ebert o pupilos de George Soros (campeones en las redes del “republicanismo socialdemócrata” y el perverso abrazo entre opresores y oprimidos).

Solo con esas reflexiones, ya el libro habría cumplido su cometido. Pero Ubieta no se conforma. Va por más.

Entonces vuelve sobre uno de los problemas al que le dedicó un libro entero publicado en 2012: aquel debate abordado por Rosa Luxemburg frente a los gerontes etnocéntricos de la antigua socialdemocracia colonialista europea: ¿reforma o revolución?

Ubieta no vuelve sobre la triste y patética herencia de Eduard Bernstein (cuyos argumentos son hoy reciclados y/o plagiados, sin citar al abuelo fundador, por euro-“comunistas” españoles, críticos de Cuba pero apologistas de la OTAN). Nuestro autor no se interna en una biblioteca para hacer la historia de las ideas. Pensando en un público juvenil, ubica el debate en el siglo XXI y lo formula específicamente para el futuro de Cuba. Su debate es situado, no abstracto.

Si en el pasado la isla de Fidel y el Che fue uno de los faros de la rebelión continental, ¿hoy en día se va a convertir en una nueva meca, ahora reformista y socialdemócrata? ¿O continuará, en las nuevas condiciones históricas, apostando por un cambio permanente, sistemático y continuo en medio de un mar cada vez más embravecido? Invitamos a quienes leen este libro a buscar en sus páginas la respuesta y a continuar la lectura, si acaso interesa, en otros libros y ensayos de Ubieta que también abordan dicho problema.

Finalmente esta obra analiza otros problemas de fondo, estratégicos, pero no circunscritos a la política.

Por un lado el drama humano de la vida y la muerte, una joya de pensamiento estilísticamente tan bien pulida y lograda que puede ser leída incluso por gente que no conoce una línea de marxismo.

Por el otro, una temática central en los Manuscritos de 1844 de Marx, leídos y estudiados al detalle tal como podemos apreciar en numerosos escritos y discursos del Che Guevara: el conflicto entre “el tener” (la mediocre utopía que nos proponen desde la Florida y cada noche por la TV capitalista) y “el ser”, entendido no como una metafísica indefinida y eterna sino como un nuevo sentido de la vida, infinitamente superior a cualquier manual de autoayuda, de esos que se venden en supermercados y librerías de shopping (al menos en Argentina).

Ya Ubieta analiza dicha cuestión del tener y el ser en un libro que lleva precisamente esa contradicción en su título. Pero aquí vuelve a profundizar encontrando nuevas modulaciones de una crítica radical del consumismo depredador, del vacío posmoderno y de la cultura de vidriera.

Para fundamentar su inteligente razonamiento nos aporta un pasaje de José Martí (carta a María Mantilla, del 9 de abril de 1895) que nos deja con la boca abierta por lo precursor del Apóstol en ver lo que se venía… Martí no conoció los manuscritos que Marx redactara en París en 1844 ni tampoco el texto “El fetichismo de la mercancía y su secreto”. Pero con otro lenguaje, llega a las mismas conclusiones de Marx. ¡De una apabullante vigencia en nuestros días!

Crítica y polémica en el vacío posmoderno

Si la primera dimensión de su libro navega en las aguas movedizas de los debates teóricos de fondo, estratégicos, en la segunda se anima a abordar otra serie de discusiones, principalmente centradas en la política.

En ese terreno, observado su libro desde un ángulo macro, Ubieta se esfuerza por reactualizar y recuperar el espíritu de ofensiva del movimiento revolucionario, durante demasiado tiempo dejado en un cajoncito “a la espera de tiempos mejores”. ¡No! ¡Definitivamente no! Ya es hora de romper con la mentalidad de fortaleza asediada y de dejar de ubicarnos invariablemente a la defensiva. Este libro y otros que circulan en nuestra época se animan –¡excelente decisión, por fin!– a poner punto final al (injustificado) complejo de inferioridad de la tradición revolucionaria.

Y entonces, Ubieta se mete de lleno con algunas “modas”, endebles, vacuas, tremendamente blandengues y en muchos casos repletas de plagios de la socialdemocracia europea, el socioliberalismo italiano y las reminiscencias tardías el euro-“comunismo” español. En ese rubro, Ubieta aborda el vínculo amañado y tirado de los pelos que pretende homologar, en un ecléctico pastiche posmoderno, la “Ilustración” con el republicanismo neocolonial, un salvavidas de plomo para la Revolución cubana… Maridaje forzado que pretende instalar, pasito a pasito y sin que nadie se dé cuenta, la peregrina idea de una supuesta sociedad “posrevolucionaria”…

¡Un nuevo “POS” por si no alcanzaran ya el posestructuralismo, el posmarxismo, el posmodernismo, los estudios poscoloniales, el posobrerismo, y tantos otros derivados de las metafísicas “POS”!

Ubieta explica, con mucha paciencia, lo que debería ser obvio pero ya no lo es. Si la Revolución cubana quedó en el pasado y si hoy estaríamos habitando una sociedad “pos”, las únicas salidas posibles para vivir mejor serían… individuales. Adiós a todo proyecto colectivo. Y no solo individuales, sino también… in english¿Do you understand? (en inglés. ¿me entiendes?). Otro atajo sin salida que nuestro autor identifica, señala y deja marcado para evitar ingenuidades.

La comida recalentada de la vieja socialdemocracia

Y entonces el libro, sin ningún complejo de inferioridad y sin miedo a los linchamientos mediáticos (a los que nos tienen acostumbrados el gusanaje de Miami y sus ventrílocuos y voceras más cercanos, lo hemos sufrido en carne propia), se mete de lleno con la discusión de la socialdemocracia y el tan mentado “centrismo” (versiones en clave caribeña de la fracasada “tercera vía”). O sea, la forma elegante y pretendidamente chic que asume la ideología de la restauración del capitalismo dependiente en Cuba.

Este es uno de los principales núcleos polémicos del libro, que dicho sea de paso, no se agota en esta obra. Porque el gran caballo de Troya que diversos pupilos de Soros, exultantes becarias de la Fundación Ebert y no pocos “cubanoamericanos” pretenden presentar como una brillante novedad y un descomunal descubrimiento teórico-político… en realidad es más viejo que la humedad. Solo que ahora goza del beneplácito (léase: abundantes dólares y euros mediante) de la contrainsurgencia norteamericana y de la OTAN. Fracasado ya el terrorismo primitivo de Posada Carriles y sus cómplices criminales, el mismo proyecto se presenta ahora, de forma mejor empaquetada y vistosa, como “socialdemócrata”. Remitimos al público a la lectura de cada una de las polémicas de Ubieta quien sin faltarle el respeto a nadie y con un tono, si se quiere, mesurado y elegante, ubica a cada quien en su sitio.

No nos sorprende ni nos afecta en lo más mínimo que “cubanoamericanos” (que encima se autodefinen como sionistas, por si no alcanzara su obsecuencia con el imperialismo yanqui) balbuceen una serie de lugares comunes con el gesto y el talante de los habituales “expertos” de universidades ignotas que desfilan por CNN como si fueran supuestos sabiondos, cuando son unos ignorantes como para exponerlos en una mesa de observación.

En cambio, sí nos da sinceramente pena (es decir, lástima y por momentos dolor) que antiguos revolucionarios radicales se dejen seducir por semejantes engendros indigeribles. Lo cual le permite reflexionar a este prologuista –tal vez tardíamente– que quizás no todo lo que en el pasado se presentaba como “heterodoxia” era completamente radical y de izquierda.

Recuerdo de forma nítida, por ejemplo, que uno de aquellos “heterodoxos” del pasado, antiguo amigo personal, me expresó una vez, ¡por escrito!: “Néstor: yo soy el terror de los utopistas” (sic). Me escribió en un correo electrónico lo que ya me había manifestado oralmente en varias ocasiones. ¿A quiénes pretendía descalificar como supuestos “utopistas”, con su habitual voz gruesa y su humor irónico y ácido que tanto nos divertía y nos hacía reír en nuestras conversaciones habituales? Pues a quien escribe este prólogo y fundamentalmente al querido amigo, compañero y maestro Fernando Martínez Heredia… Y nos llamaba despectivamente “utopistas”, porque nos asociaba al Che Guevara, por oposición a su admirado Adam Przeworski (liberal nacido en Polonia, nacionalizado estadounidense) y otros gurúes internacionales adoptados como guías incuestionables por los intelectuales del PSOE español.

Dialogando con Martínez Heredia en su propia vivienda de La Habana, alguna vez Fernando me dijo: “Tú sabes bien quién ha sido consecuente y quién no; quién continúa en la perspectiva del Che y quién no”. Y la contraposición teórico-política sobre la que me alertaba Fernando Martínez Heredia continuó con detalles que prefiero no volcar en este prólogo. En aquella ocasión yo escuché en silencio, callado y atento. No quise echar leña al fuego. Pero las notables diferencias estratégicas dentro de las “heterodoxias” cubanas estaban claras.

No todos quienes cuestionaban y se oponían a los antiguos dogmas de origen soviético lo hacían por izquierda y desde el comunismo.

Algunos lo hacían por derecha y con no poca simpatía por la socialdemocracia. A partir de una admiración escasamente disimulada por el Mercado, concebido como la lámpara de Aladino que supuestamente iba a resolver todos los problemas pendientes de Cuba.

(Tomado de La Pupila Insomne)

La era pos-Castro. Por. Arleen Rodriguez Derivet

Cuba Post-Castro. Obra Gráfica de Ares

Fidel se reía mucho de los planes de sus enemigos “para la era pos-Castro”. Un día dijo que mientras ellos hablaban de ese momento, él trabajaba para ese momento.

Y vaya si les ganó de nuevo. Apenas una semana antes de cumplir los 96 años de nacido, y cuando ya lleva más de un lustro ausente, su nombre volvió a levantarse como el monumento que expresamente prohibió que se le hiciera.

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Fidel, siempre Fidel. Por Atilio Borón

Foto: Tomada de atilioboron.com.ar.

El pasado 13 de agosto cumpliría 96 años Fidel Castro Ruz. El estadista que sintetizaba en su persona saber y valor; conciencia y coraje dejó una impronta que se extiende desde la segunda mitad del siglo veinte hasta nuestros días.

¿Quién se acuerda hoy de Kennedy, Nixon, Reagan,  Adenauer, De Gaulle, para ni hablar de Felipe González, Berlusconi, Thatcher, Gorbachev y, entre nosotros, Menem, Salinas de Gortari, Fujimori, Collor de Melo y tantos otros? ¿Cuáles fueron sus enseñanzas o su legado? Ninguno.

En cambio, Fidel, discípulo privilegiado de José Martí, nos dejó un acervo impresionante de conocimientos y experiencias, un ejemplo moral inmarcesible, una luz que sigue orientando la lucha inconclusa de los condenados de la tierra para poner fin a la dominación imperialista y sus peones oligárquicos en la periferia.

Por eso, Fidel es Fidel, y punto. Aquí lo vemos con un libro: “No nos crean, lean”, le decía a su pueblo sabiendo que sólo la cultura nos hará libres. ¿Cuántos jefes de estado dijeron, o dicen, lo mismo? Ninguno. ¿Por qué? Porque Fidel era de otra galaxia, un sabio que tenía una estatura intelectual y moral incomparable y, además, una valentía a prueba de fuego. ¡Feliz cumpleaños, Comandante, estés donde estés!

(Tomado de atilioboron.com.ar)

Geopolítica multipolar. Por: Luis Britto García

A medida que las ciencias avanzan, se distancian unas de otras hasta suponer inalcanzable el ideal de la totalidad. Excepción de esta regla es la estrategia, saber que requiere una de las mayores integraciones de conocimientos para formular conclusiones. No hay estrategia sin examen de la geografía, la sociedad, la economía, la política, las relaciones internacionales y ese universo de conocimientos, representaciones, valores y prácticas que llamamos cultura. En tal sentido, el último libro del general en jefe Vladimir Padrino LópezGeopolítica Multipolar: a 20 años del 13-A (Fundación Editorial El Perro y la Rana, Caracas, 2022) es una travesía por las agendas que definen la contemporaneidad, a la vez que manual de supervivencia en ella. Destaquemos algunas.

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Estados Unidos participó en 350 golpes de Estado, reveló investigación (+ Video)

En 2018, Bolton se convirtió en el tercer asesor de seguridad nacional de Trump. Fue durante este período que intentaron más de una vez sacar del poder al líder venezolano Nicolás Maduro, sin éxito. Foto: El destape

Una investigación del Cline Center de la Universidad de Illinois señaló que desde 1982 hasta 2019 Estados Unidos participó en 350 intentos de golpe de Estado, de los cuales 150 fueron exitosos.

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Archivo CD: Testimonios del 11 de julio, cuando se desató la violencia

Carros de la policía de Cuba que fueron volcados por los manifestantes en una calle de La Habana. Foto: AFP

Cuando Janett Rodríguez se levantó este domingo, no sabía que más tarde tendría un sentimiento enorme: desconsuelo. Mientras organizaba las tareas de uno de los proyectos de la Universidad Tecnológica de La Habana para mejorar la gestión hospitalaria en instituciones de la capital, no imaginó que luego andaría recorriendo las calles en otro intento por defender lo suyo. Lo nuestro. La Habana, 11 de julio de 2021.

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El amor venció al odio. Por: Randy Alonso Falcón

Bandera y Palma Real en el Cementerio de Santa Ifigenia. Foto: Marcelino Vázquez Hernández / ACN / Cubadebate

Aquel 11 de julio, hace un año, Cuba daba una batalla frontal por la vida. El MINSAP reportaba 6923 nuevos casos de COVID-19, más de 50 mil ingresados y 47 fallecidos. La variante Delta se expandía con su contagiosidad sobre nuestra población. Dirigentes principales del Partido y el Gobierno estaban desplegados en diferentes provincias del país encabezando el enfrentamiento al brote pandémico. Un pequeño equipo de nuestros jóvenes periodistas comenzaba una cobertura especial desde Matanzas, el epicentro de la pandemia.

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Con Filo: Ya viene llegando (+ Video)

Este jueves, el programa Con Filo transmitió su emisión 99. Poco a poco, se acerca a la número 100 un espacio que surgió para hacer frente, con lenguaje sencillo y sagaz, a las campañas de descrédito y manipulación mediática que abundan en redes sociales contra el proceso revolucionario cubano.

Algunos de los saludos enviados al colectivo por periodistas, personalidades de la política y la cultura fueron transmitidos en esta ocasión. También se pusieron sobre la mesa las nuevas artimañas de quienes ansían una rebelión, aunque la tengan que inventar ellos mismos.

Reportajes de viajes y el laberinto de una Cuba indescifrable. Por: José Manzaneda

Cuba ofrece un turismo seguro que no siempre se refleja en medios informativos del mundo. Foto: Granma

Vaya a la sección de viajes de un periódico. De El País, por ejemplo. Descubrirá las “playas caribeñas, gastronomía y patrimonio” de Yucatán. El “Puerto Rico más musical”. El “hervidero cultural y étnico” de Trebisonda, Turquía. Las “ocho razones por las que Chicago merece un viaje”, entre ellas ver “la cárcel más curiosa”, porque tiene “las ventanas tan estrechas que no necesitan barrotes”. Cárcel “curiosa” excepto para los presos que habitan en ella, imaginamos. Y sobre Colombia, descubriremos Cali, “la capital de la salsa”, entre muchos otros materiales.

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