Muertes en USA: Era de los tiroteos masivos, suicidios y sobredosis

En las escalofriantes imágenes de su transmisión en vivo, el tirador de Buffalo mostró cómo ejecutó a sus víctimas

Sin dudas, Estados Unidos es un país de records de cualquier especie y hasta en eso, por muy negativo que sea, el “establishment” y su propaganda controlada sacan “lascas”.

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#GuerreroCubano. Se fajan por el Guerrero Cubano en canal de TV en Miami Acosador al descubierto en Barcelona

Casi se arañan en televisión de Miami por el Guerrero Cubano. Conozca la identidad, el pasado y el presente del acosador en redes sociales de la actriz española Ana Hurtado, todo masticadito para las autoridades españolas. Las garrapatas andan en su peor momento y no se esconden para mostrarlo. #GuerreroCubano

#GuerreroCubano. Desatado el fascismo en Miami. Odiadores en modo desespero.

Los voceros de la mafia cubana de Miami exponen pùblicamente sus métodos y acciones facistoides para linchar personas y la creación de grupos al margen de la ley como si fuera poca la violencia que ya hay desatada en EEUU. Se desprestigian aún más los odiadores con sus mentiras. #GuerreroCubano

ENTREVISTA: NED es un instrumento subversivo de EE.UU., denuncia académico cubano

El papel de la Fundación Nacional para la Democracia (NED, por sus siglas en inglés) como instrumento subversivo del Gobierno de Estados Unidos, ha sido denunciado por el académico cubano Luis René Fernández.’Desde hace años es uno de los instrumentos más importantes de la política exterior de Estados Unidos, creado en la llamada Revolución Conservadora, en la etapa de Ronald Reagan, en la década de los años 80, cuando se hicieron determinadas modificaciones en las herramientas de política exterior’, afirmó el analista en diálogo con Xinhua.

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Estados Unidos: Una economía de guerra contra la sociedad

En 1965, el presidente de Estados Unidos Lyndon B. Johnson describió su proyecto de ‘La Gran Sociedad’, que se basaba “en la abundancia y la libertad para todos”, por lo que exigía “el fin de la pobreza y la injusticia racial”. Poco después, Johnson añadiría “creo que podemos continuar con ‘La Gran Sociedad’ mientras luchamos en Vietnam”.

La ‘Gran Sociedad’ constituía “el programa más ambicioso de reforma interna desde el New Deal”, procurando profundizar en derechos civiles, luchar contra la pobreza, mejorar la educación, establecer cobertura médica y limpiar el medio ambiente, entre otras cosas. Este proyecto social avanzaría con una escalada bélica. Johnson había incrementado las tropas de su país en Vietnam de 16 000 a 537 000 a lo largo de su gobierno entre 1963-1968.

Los fondos destinados a la guerra en Vietnam superaron fuertemente los que Johnson conseguía pasar en el Congreso para financiar su proyecto social. Estados Unidos gastó 300 000 dólares por cada enemigo asesinado en Vietnam, mientras asignaba 88 dólares por persona a los programas de alivio de la pobreza. Entre 1965 y 1973, se gastaron 15 500 millones de dólares en la Gran Sociedad y 120 000 millones de dólares en la Guerra de Vietnam.

El costo de la guerra de Vietnam

Francis M. Bator, asesor de seguridad nacional durante 1965-1967, sostiene que Johnson creía que si abandonaba la guerra en Vietnam, su presidencia sería destruida y, por ende, la Gran Sociedad también porque los proyectos sociales hubieran llegado muertos al Congreso. Años después, Johnson admitiría que no le fue posible poseer “la mujer que realmente amaba, la Gran Sociedad”, y también “esa perra de guerra en el otro lado del mundo”.

En toda la guerra de Vietnam entre 1961-1975, Estados Unidos gastó más de 141 000 millones de dólares.

 Sumados otros gastos militares relacionados al conflicto, el monto llega a 168 000 millones (un billón en dólares actuales). Una secuela de la guerra es que las pensiones a veteranos de Vietnam  y sus familias aún cuestan 22 000 millones por año: entre 1970-2021 han costado 270 000 millones de dólares.

Para Martin Luther King la Gran Sociedad fue “abatida en el campo de batalla de Vietnam”. King condenaba el expansionismo estadounidense, declarando que estaba basado en “racismo, materialismo y militarismo”, caracterizado por “socialismo para los ricos” e “individualismo para los pobres”, porque los recursos al sector militar se obtenían a través de la reducción de las leyes sociales progresistas.

King afirmó que vio a la Gran Sociedad como un “programa roto y destripado, como si fuera un juguete político ocioso de una sociedad enloquecida por la guerra, y supe que Estados Unidos nunca invertiría los fondos o energías necesarias en la rehabilitación de sus pobres mientras continuaran aventuras como Vietnam. King concluiría que Estados Unidos afrontaba “dos guerras al mismo tiempo, la guerra en Vietnam y la guerra contra la pobreza, y estaba perdiendo ambas”.

El shock neoliberal de Nixon

Con la llegada de Richard Nixon a la presidencia en reemplazo de Johnson en 1968, no sólo Estados Unidos acabaría perdiendo la guerra de Vietnam, sino que el proyecto de Gran Sociedad sería barrido por el proyecto neoliberal. El pacto social que había permitido la ‘era dorada del capitalismo’, con el Estado actuando para mitigar desigualdades, se rompió. A partir de ahí los beneficiarios indudables de estas políticas han sido los dueños del capital, siendo una de las principales pruebas la reducción de la participación de los salarios en el PBI.

La política económica que se conoció como el “shock de Nixon”, explica Jude Folly, congeló precios y salarios por 90 días. Pero mientras los precios recuperaron su trayectoria alcista, no así los salarios que sufrieron con el aumento del costo de vida. A partir de ahí, afirma, “la comunidad empresarial incorporó la supresión de salarios” como la nueva forma de funcionamiento de la economía.

Un informe en 2019 de la Cámara de Diputados reconoce la falta de poder de negociación de trabajadores de bajos salarios, y admite su responsabilidad porque en los últimos 40 años “el Congreso no ha logrado aumentar lo suficiente el salario mínimo nacional para mantener el nivel de vida.”

La Cámara aprobó un proyecto de ley para aumentar, por primera vez desde 2007, el salario mínimo a 15 dólares por hora para 2024 e indexarlos al crecimiento del salario medio, lo que más que duplicaría su nivel anterior de 7,25 dólares. Folly señala que desde la sanción de la ley de salario mínimo en 1938 hasta 1968, el Congreso había aprobado constantemente aumentos en paridad con las ganancias de productividad. Si eso hubiera continuado hasta la actualidad, el salario mínimo hoy sería de 24 dólares.
En cambio, de 1975 a 2018, la participación de los ingresos de 90% de los estadounidenses cayó de 67 a 50%, mientras que la del 1% de mayores ingresos aumentó de 9 a 22%.

Así, mientras el PBI per cápita creció 118% en el período, el de la parte inferior lo hizo en cerca de 20% y el del 1% lo hizo más de 300%. En particular, el pago (ajustado por inflación) de los principales ejecutivos aumentó un 1322% entre 1978 y 2020, equivalente a 351 veces más que el salario de un trabajador medio en 2020.

Como resultado, a partir de 1975, a diferencia de lo sucedido desde el fin de la Segunda Guerra Mundial, los ingresos del 90% inferior de las personas crecieron más lentamente que la economía en su conjunto, mientras que los ingresos del 10% superior lo hicieron más rápido. En 2018, significó una transferencia de 2,5 billones y entre 1975-2018, una acumulada de 47 billones. Consecuentemente, la riqueza en Estados Unidos a fines de 2021 es la más alta desde la Segunda Guerra Mundial.
El poder del complejo militar – industrial

En 1961, al despedirse de la presidencia, Dwight D. Eisenhower alertaba que, por la Guerra Fría, el país estaba desarrollando “un inmenso establecimiento militar y una gran industria armamentística” cuya influencia se sentía en todos los aspectos de la vida del país. Si bien reconocía “la necesidad imperiosa de este desarrollo”, no dejaba “de comprender sus graves implicaciones.”

En particular, advertía que había que cuidarse “de una influencia injustificada” de ese “complejo militar-industrial” dentro del gobierno. Eisenhower afirmó que “cada arma que se fabrica, cada buque de guerra lanzado, cada cohete disparado significa, en última instancia, un robo a los que tienen hambre y no se alimentan, a los que tienen frío y no tienen ropa.”

Habiendo llegado a 13% del PBI en 1952, el gasto militar fue cayendo hasta cerca del 6% al final de la Guerra Fría. Con el fin de la Unión Soviética, se especulaba con que a los estadounidenses ya no tendrían razón para un gasto militar elevado. En los ’90, Bush (padre) y Clinton intentaron reducirlo, pero luego Bush (hijo) y Obama lo aumentaron entre 3 y 6% del PIB. Desde 1991, sólo en 1997 y 2000 Estados Unidos no estuvo en un enfrentamiento bélico. En este período se involucró en cerca de 15 guerras, sin contar otras intervenciones. Así, mantuvo la tendencia que revela que en sólo 17 años desde que declaró su independencia en 1776 no estuvo en guerra.

Una visión del impacto del gasto militar de Estados Unidos en este siglo es la referencia de los 93,26 millones de dólares por hora que le cuesta la guerra contra el terrorismo, según el conteo del sitio National Priorities, llevando el monto total acumulado desde 2001 a más de 7,6 billones de dólares.

El inmenso gasto militar

El presupuesto militar para 2022 fue 778 000 millones de dólares, y para 2023 se solicitó 813 000 Millones. Con casi 40% del presupuesto militar mundial, Estados Unidos supera lo que gastan en ese rubro los próximos once países juntos.

El Departamento de Defensa con de 715 000 millones en el presupuesto de 2022 es el segundo mayor ítem del gasto fiscal después de Seguridad Social. Otras agencias también están vinculadas al esfuerzo militar: los Departamentos de Asuntos de Veteranos y Seguridad Nacional, y el FBI. Además, como Operaciones de Contingencia en el Extranjero, con un presupuesto de 69 000 millones de dólares, aparece el costo de las guerras pasadas. Así, el gasto militar total en 2021 terminó siendo casi de 934 000 millones.

Al analizar el tamaño del gasto militar, Kori Schake cita al ex secretario de Estado de los Estados Unidos, Colin Powell“muéstrame tu presupuesto y te diré tu estrategia”, para concluir que Estados Unidos debe expandir su presupuesto en 50% para cumplir los objetivos que expresan sus líderes.
Schake sostiene que “las fuerzas armadas estadounidenses actuales están dimensionadas para pelear una sola guerra” a la vez, por debajo de lo que se procura. Matthew Kroenig, del Atlantic Council, postuló que Estados Unidos debía prepararse para ganar guerras simultáneas contra Rusia y China, por lo que considera que el Congreso podría hasta “duplicar los gastos de defensa”.

Sharon Zhang se impacta del monto militar presupuestado porque el Senado no aprobó 350 000 millones al año para gastos sociales cruciales para salvar a muchos estadounidenses de bajos y medianos ingresos de la ruina financiera por considerarlo excesivo.

Biden ya envió 2400 millones de dólares en ayuda militar a Ucrania desde febrero. Mientras, la expectativa de vida en Estados Unidos cayó de 78,86 años en 2019 a 76,60 años en 2021.
En ese contexto Yifat Susskind, directora ejecutiva de la organización MADRE, manifestó parafraseando a Eisenhower “nos están robando recursos” a nuestras comunidades “para alimentar el hambre interminable del complejo militar-industrial”.

(Tomado de Página 12)

EE.UU.: Oficializando la mentira

En serio, a Estados Unidos, a su actual gobierno, no le hace falta montar un “ministerio de la verdad”, como es el nombrete que le han puesto a la reciente creación del presidente Joe Biden de la Junta de Gobernanza de la Desinformación, con el objetivo de rebatir supuestas mentiras de Rusia, aunque también tiene otros alcances con quienes no comulgan con el imperialismo norteamericano.

Dentro de Estados Unidos han surgido voces que rechazan una forma de gobierno donde imperan la vigilancia y el control del pensamiento.

Ello es, indudablemente, un aviso de que “algo mal” le está saliendo al Imperio por estos tiempos de la operación militar rusa en Ucrania, donde el establishment ha hecho y deshecho para que todos sus “seguros servidores” se sumen a las miles de sanciones contra Moscú.

Sí, algo falla cuando en el creado maremágnum de cuestiones relacionadas con la rusofobia surgen voces no fáciles de callar que piden a Biden que deje de enviar armas a Ucrania y resuelva la situación por la vía diplomática, absteniéndose de acciones insensatas que puedan conducir a una guerra nuclear.

No es la primera vez que abordamos el tema, porque, realmente, la información imperial de lo que está ocurriendo en Ucrania es instrumentada por la inmensa mayoría de los medios de comunicación occidentales que ignoran los alegatos rusos, o los tergiversan, o los calzan burlonamente con alguna que otra mentira. Lo paradójico es que han estigmatizado a Russia Today y Sputnik, entre otros órganos de Moscú, que, independientemente de que formen parte del grupo oponente, sí exponen lo que alega el lado contrario, antes de pasar a rebatirlo.

En ocasiones, como se puede observar en Actualidad.rt.com, se deja expresar lo que el enemigo desea, e intuye al usuario a que saque sus conclusiones.

El “ministerio de la verdad” creado por Biden y presidido por un demócrata, algo que no ven con buenos ojos los republicanos, está adscrito al Departamento de Seguridad Nacional (DHS, en inglés), y sería el encargado de “contrarrestar” la supuesta desinformación sobre varios temas, como la migración en la frontera con México o noticias provenientes de Rusia. Eso es lo que se dijo de manera oficial.

Las reacciones han sido inmediatas. Alguien tan poco confiable como el gobernador de Florida, Ron DeSantis, declaró que “lo que quieren hacer es publicar falsas narrativas sin que las personas puedan hablar o contraatacar”. Hizo mención a que el propósito es “abogar por los encierros por la COVID-19” o defender el cierre de escuelas sin evidencias que lo respalden, lo cual revela también el carácter atorrante del sujeto discrepante.

La decisión de la administración demócrata resulta alarmante, porque a lo largo de la historia han existido ejemplos similares de uso de la propaganda para fines políticos e ideológicos. Eso transgrede de todas las formas posibles el derecho al libre pensamiento.

Cuando se preparan entuertos

Si alguien recuerda que Adolf Hitler lo aplicó a través de su aparato de propaganda supervisado por Joseph Goebbels, también debería saber que esas situaciones se producen cuando Estados Unidos se prepara para una agresión a gran escala —siempre contra países pequeños—, como la del 2003 realizada contra Iraq, con la mentira de que poseía el arma nuclear, bajo el mando de un presidente republicano, entre los más reaccionarios.

Todo se preparó minuciosamente, con una propaganda bien dirigida, y ni un solo medio, incluidos los “objetivos” The New York Times y The Washington Post, se hizo eco de ello, hasta el inicio de la agresión, invasión y ocupación, todo lo cual fue expuesto a manera de “comic” por la televisión norteamericana.

Aquellas luces tan “bonitas” que se abatían sobre Bagdad eran misiles Tomahawk, uno de los cuales, en los primeros minutos, logró penetrar en un búnker y dar muerte a madres con sus hijos, unas 300 personas.

Para eso sirven los medios estadounidenses, magos de la desinformación que solo son “objetivos” para sacar los trapos sucios de las facciones que se disputan el poder, empoderando a unos en detrimento de otros.

Otro punto destacable dentro del anuncio demócrata es la persona que presidirá la nueva Junta de Gobernanza de Desinformación. Se trata de Nina Jankowicz, catalogada como “experta reconocida internacionalmente en desinformación y democratización”. Está asociada al Partido Demócrata y ha realizado estudios sobre “desinformación sexualizada”.

Anteriormente, llegó a asegurar que la “desinformación de género” es un “problema de seguridad nacional” que, además, podría impedir que las mujeres se postulen a cargos. Ella elaboró un informe donde retrató “la burla” contra la vicepresidenta Kamala Harris durante las elecciones presidenciales del 2020. También es defensora de figuras como las congresistas Alexandria Ocasio-Cortez e Ilhan Omar, situadas en el espectro menos reaccionario.

Es entonces por esta retórica que surgen los argumentos sobre si Estados Unidos está viendo el nacimiento de su propio “ministerio de la verdad”. Jankowicz asegura que la función de la Junta es “mantener el compromiso del Departamento de proteger la libertad de expresión, la privacidad, los derechos civiles y las libertades civiles”.

Y tampoco es casualidad que el anuncio ocurra en los días siguientes a la compra de Twitter por el multimillonario empresario Elon Musk. No es un secreto que desde el Partido Demócrata están afincando cada vez más el pedido de regulación de plataformas digitales, argumentando “peligros” y “preocupaciones”.

“Ahora que el régimen de Biden tiene un Ministerio de la Verdad, ¿qué sigue?, ¿campos de reeducación?”, preguntó la congresista Marjorie Taylor Greene, nada fuera de foco, porque hay fuertes disputas en escuelas estadounidenses que buscan impartir la teoría crítica de la raza en contra de la voluntad de los padres.

La representante Lauren Boebert duda que realmente exista comprensión sobre la gravedad que implica tal creación. 

Como se puede apreciar, la mayoría de los oponentes al nuevo ministerio enfoca la cuestión desde el punto de vista interno, aunque no se puede dejar de señalar que ello ocurrió cuando trascienden cada vez más las informaciones que provienen de la parte rusa sobre lo que está ocurriendo en Ucrania.

El Departamento de Seguridad Nacional está intensificando sus esfuerzos para contrarrestar lo que llaman la desinformación proveniente de Rusia en el campo de batalla, donde entes nada adversos como la norteamericana Microsoft News, la francesa AFP y la española EFE han publicado intervenciones de los voceros militares de Moscú, indicando un crédito superior a las fuentes oficiales ucranianas.

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