¿Qué revela la investigación pericial sobre los sucesos de Bahía Honda? Por: Oscar Figueredo Reinaldo, Andy Jorge Blanco

Como parte del proceso investigativo resultante de los hechos acaecidos el pasado 28 de octubre de 2022, en el que colisionó una lancha procedente de los Estados Unidos y una unidad de superficie de Tropas Guardafronteras, se dieron a conocer nuevos detalles de la pesquisa realizada y se determinó que “no hubo acciones invasivas ni agresivas contra la lancha infractora”.

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“No, gracias”, al acceso indiscriminado a las armas en EEUU. Por: David Brooks

Ofrenda en Colorado a las víctimas del reciente tiroteo. Foto: AP.

Nueva York. Ya ni las gracias se pueden dar sin balazos. En el país avanzado más armado y violento del mundo se han registrado más de 600 tiroteos masivos -con 4 o más víctimas- en lo que va del año, o sea, un promedio de dos cada día.

El martes por la noche, mientras clientes en un Walmart en Chesapeake, Virginia, compraban los ingredientes para la tradicional cena del Día de Acción de Gracias que se festeja este jueves, un hombre armado -identificado como uno de los gerentes de la tienda- sacó una pistola en uno de los cuartos para reuniones de empleados y empezó a disparar al azar contra sus colegas, matando a seis e hiriendo a por lo menos otros seis antes de suicidarse ahí mismo. “Acabo de ver asesinar a tres de mis amigos”, comentó una de las trabajadoras que se encontraba en ese cuarto.

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Los números de la migración. Por: Rafael Hernández

Migración irregular desde Cuba hacia Estados Unidos. Foto: AP.

Mis amigos economistas me recuerdan siempre la importancia de los números y de sacar bien las cuentas. Ahora que muchos observadores comparan la migración actual con la de la crisis de los balseros (1994) y el Mariel (1980), habría que hacer algunas precisiones numéricas.

Según fuentes oficlales de EEUU, en el Año Fiscal 2022 (octubre 2021-julio de 2022) han entrado 177,800 cubanos a EEUU; solo en julio, 20 000.

Como se sabe, por el Mariel se fueron 125 000 personas en poco más de 5 meses. Grosso modo,  25 000 al mes (aunque la mayoría se concentró en los primeros dos meses). Si en los 10 meses transcurridos del año fiscal 2022 se hubieran ido al ritmo del Mariel, habrían entrado ya en EEUU 250 000 cubanos.

En las balsas de agosto de 1994 salieron 35 000 personas, en solo 28 días, el lapso que duró aquella crisis.  Si los que se han ido desde el 1 de octubre hubieran salido a esa velocidad, la cifra acanzaría 350 000. Es decir, casi el doble.

Para seguir con números y cuentas, en la primera oleada migratoria (1959-62) salieron poco más de 50 000 al año; y en el Puente aéreo Varadero-Miami (1965-73), 48 000 anuales. Todos de manera legal y ordenada. Menos de la tercera parte de los que han salido en este 2022, sin duda alguna.

Otros números: cuando se firmó y se empezó a aplicar el acuerdo migratorio, la cifra de migrantes que intentaron llegar por mar (y fueron devueltos) se redujo a un total de 26 000 entre 1995-2014. O sea, 1 370 como promedio anual. Más fueron los balseros haitianos y los dominicanos interceptados en esos 19 años. O sea, que la aplicación del acuerdo tuvo un peso decisivo en el monto la migración indocumentada.

Entre agosto de 2017 y agosto de 2022 deberían haber salido de Cuba y entrado de manera documentada y ordenada, sin correr ningún riesgo ni gastarse una fortuna, 100 000 cubanos –si no se hubiera interrumpido unilateralmente la aplicación del acuerdo migratorio existente desde hace 27 años.

Un par de consideraciones no numéricas resultan insoslayables en cualquier comparación.

La primera es que los dos episodios de referencia fueron terminados por los dos gobiernos. El cubano inició y suspendió el Mariel; y ambos dieron fin a la crisis de los balseros. La salida actual se prolonga de manera indefinida, lo que hay que tomar en cuenta al compararla. Del lado cubano, la salida hacia EEUU y cualquier país se mantiene libre, no solo por la ley de enero de 2013, sino por la Constitución de 2019. De manera que el flujo actual puede tener lugar en la medida en que EEUU mantiene abierta  la entrada por la frontera mexicana, y se demora en restablecer la aplicación del acuerdo migratorio bilateral.

La segunda consideración, para cualquier comparación, es que los del Mariel y los balseros salieron de manera definitiva, o sea, perdieron sus derechos como residentes en Cuba. Los que salen ahora, no. Es decir, no están en una situación de exilio ni de emigración sin retorno, sino de entra-y-sale. Aunque no volvieran, no se han ido para siempre.

Para finalizar, muchos dan por sentado que si mejoraran las relaciones con EEUU, la visión sobre el futuro cambiaría tanto que la mayoría de esos que se quieren ir ahora dejaría de pensar en salir.

Miremos hacia atrás: ¿cuál fue el impacto del factor normalización de relaciones, sobre el flujo migratorio al margen del acuerdo entre los dos países?

El flujo de cubanos que entraron sin visa a EEUU, al amparo de la Ley de Ajuste,  se multiplicó entre 2014 (24 000) y 2016 (56 000), especialmente a través de la frontera de México (2/3 del total). En esos dos últimos años de Obama, hubo el mismo incremento en los intentos de entrada por vía marítima: el número de los que fueron interceptados saltó de 3 500 (2015) a más de 5 000 (2016).

¿Quizás esos que saltaron a los botes y corrieron a la frontera mexicana en 2015-2016 estaban anticipándose a que la normalización llevara al fin de la distinción conocida como pies secos/pies mojados? ¿O incluso a la terminación de la excepcionalidad consagrada por la Ley de Ajuste Cubano?

En cualquier caso, la recepción del lado norteamericano ha sido siempre el principal factor de atracción migratoria, y resulta insoslayable en cualquier análisis. El fin de la política de pies secos/pies mojados, adoptada por Obama apenas una semana antes de abandonar la Casa Blanca, hizo caer en picada el número de quienes intentaban salir por vía marítima. Súbitamente, por obra y gracia de esa decisión de último minuto, el servicio de Guardacostas que patrulla el estrecho de la Florida se quedó casi sin botes que buscar y rescatar provenientes de la isla.

Absolutamente nada de lo que apunto arriba debe interpretarse como ignorancia ni subestimación de lo que significa la salida masiva de cubanos hacia EEUU o cualquier otro país, tanto para la sociedad como para la política cubanas. Es un reto y un problema insoslayable, agravado por la crisis económica, cuyo enfrentamiento no ha encontrado un cauce eficaz y sostenible, que permita restaurar la certidumbre y la confianza en el futuro dañadas por el prolongado deterioro del estándar de vida.

Ahora bien, para poder analizar el flujo se requiere precisar su estructura, que no es ni ha sido nunca homogénea. Los datos numéricos más importantes para un análisis comparativo de la migración cubana –edad, sexo, color de la piel, educación, ocupación, lugar de residencia– no están disponibles para el flujo actual, como sí existen para los del Mariel y los balseros. ¿Quiénes se van? ¿Los sectores más golpeados por la crisis? ¿La clase media urbana? ¿Los profesionales? ¿Hombres o mujeres? ¿Cuál es la proporción de los que no deciden irse por su cuenta (menores, adultos mayores dependientes, u otros)? ¿Negros? ¿Campesinos? ¿Los más pobres?

Sin esos datos no es posible comparar estos de ahora y aquellos de 1980 y 1994 en sus estructuras sociales, precisar sus diferencias ni matizar sus causas.

Como revelan los números del principio, el incuestionable volumen del flujo actual no resiste comparación con la intensidad de fenómenos migratorios anteriores, ni puede hacerse sin considerar la línea de tiempo de cada uno, imprescindibles para contrastarlos  (como seguramente me dirían mis amigos economistas). Mucho menos establecer sus múltiples causas, incluida la crisis económica.

Aunque esta sea un factor de expulsión innegable, solo encuestas confiables y estudios de campo permitirían juzgar con mayor precisión el peso específico de los diversos factores de atracción y expulsión. Sin embargo, lo que sí sabemos es que todos están actuando al mismo tiempo, de ambos lados. Y que las comparaciones generalizadores confunden más que lo que aclaran.

“Lo que permanece inamovible, anclado en el pasado y aislado, es el bloqueo”. Por: Bruno Rodríguez Parrilla

Discurso del ministro de Relaciones Exteriores, Bruno Rodríguez Parrilla, en la presentación del proyecto de Resolución A/77/L.5, titulado “Necesidad de poner fin al bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por los Estados Unidos de América contra Cuba”, el 3 de noviembre de 2022.

Expreso nuestra sentida solidaridad con la hermana nación caribeña de Belice que sufre hoy los estragos de un poderoso huracán.

Señor Presidente:

Señores Representantes Permanentes:

Distinguidos Delegados:

Más del 80 % de la población cubana actual ha nacido bajo el bloqueo.

Tres décadas han transcurrido desde que esta Asamblea comenzara a demandar, cada año, el cese de esa política, tipificada como un acto de genocidio y que tiene el efecto “de una pandemia permanente, de un huracán constante” y recibe un rechazo universal.

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Estado Canalla. Por: Randy Alonso Falcón

El término “Estado canalla” (ampliamente usado por el Departamento de Estado de EE.UU.) se refiere a la búsqueda de los intereses del Estado sin considerar los estándares de comportamiento internacional y los principios básicos del derecho internacional. Dada esa definición, ¿no es EE.UU. un ejemplo estelar de un Estado canalla?

Noam Chomsky

Ruin o malvado, despreciable por su comportamiento vil: eso es ser canalla. Pero también es oportunista, abusador, perverso.

Todo eso es el Gobierno de Estados Unidos. Y lo ha mostrado a plenitud en estos dos últimos años .

Hay que ser muy canalla para hablar de preocupación por el bienestar del pueblo cubano mientras se postergaba alevosamente el estudio de medidas que aflojaban el tenaz bloqueo contra Cuba en medio de la pandemia en el 2021, apostando a que habría un estallido social en medio de escaceces y apagones.

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Cuba, la otra Usaid y la cultura del internacionalismo. Por: Javier Gómez Sánchez

La cultura internacionalista forma parte de la identidad nacional cubana. Foto: Tomada del Partido Comunista de Cuba.

El anuncio emitido el pasado 18 de octubre de que la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (Usaid), luego del paso del huracán Ian, realizará un donativo de ayuda humanitaria valorado en dos millones de dólares a través de la Cruz Roja Internacional, generó de inmediato una algarabía mediática y la emisión de un cúmulo de opiniones en las diversas redes digitales.

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El nuevo mundo según Estados Unidos. Por: Atilio Borón

Semanas atrás la Casa Blanca dio a conocer su largamente esperado documento sobre la Estrategia de Seguridad Nacional 2022 (ESS) que habría de guiar la política exterior de la Administración Biden.

Esta clase de informes se tornaron obligatorios desde 1987 a los efectos de comunicar al Congreso la visión del Poder Ejecutivo sobre los problemas que menoscaban la seguridad nacional del país. La ESS debe explicitar los cambiantes desafíos que el escenario internacional plantea a Estados Unidos –tema especialmente relevante en el contexto del actual derrumbe del orden mundial de posguerra– y los recursos con que se cuenta para enfrentarlos.

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Hablemos de Ciencia, Tecnología e Innovación. Por: José Ramón Cabañas Rodríguez

En los últimos años se ha retomado en Cuba con insistencia a nivel social la utilización de los términos Ciencia, Tecnología e Innovación (CTI). Existen indicaciones claras de Gobierno al respecto y todos los organismos de la Administración Central del Estado, empresas, administraciones locales y otras dependencias manejan en sus planes estas tres categorías, aunque en muchos casos sea más por disciplina, que por comprensión.

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Teoría y discurso del Estado fallido. Por: Michel E Torres Corona

El ejemplo de Estado fallido es el modelo que el capitalismo nos está brindando. Foto: Granma.

El politólogo canadiense Kalevi Holsti definió al Estado fallido como aquel que carece de la “capacidad de generar lealtad”, de “dotarse de los recursos necesarios para gobernar y proporcionar servicios”. A su juicio, y en línea con el teórico alemán Max Weber, un Estado fallido no lograr ostentar el monopolio sobre el uso legítimo de la fuerza dentro de sus límites territoriales.

Por su parte, el economista cubano y profesor del Instituto Superior de Relaciones Internacionales, Jorge Casals, afirmó en un texto publicado en el periódico Granma: “(…) por “Estado fallido” puede entenderse aquel en el que existe vacío de poder, no hay garantía de su funcionamiento, incluyendo los servicios básicos, en el que sus instituciones son frágiles e ilegítimas, y que carece de recursos para satisfacer las necesidades de sus ciudadanos”.

Alertaba además el profesor que ese concepto era “polémico”, de “turbios orígenes” y utilizado para “justificar intervenciones”, lo cual se encuentra en sintonía con lo expresado por la politóloga estadounidense Susan Woodward: “[Estado fallido] se ha convertido en una etiqueta de moda y en un cajón de sastre, demasiado impreciso para llevar a cabo un análisis de sus causas o consecuencias y, por lo tanto, susceptible de ser utilizado de un modo inadecuado”.

El especialista argentino en relaciones internacionales, Juan Gabriel Tokatlian, explica la “instrumentalización conceptual” del Estado fallido, no ya como categoría nacida en el seno de la academia, sino como arsenal para el bombardeo mediático contra determinados blancos en función de determinados intereses.

El ejemplo más claro es, por supuesto, el gobierno estadounidense, y el uso de la “falla estatal” para justificar y/o legitimar sus acciones en la arena internacional. Irónicamente, Noam Chomsky tilda a ese país de ser un Estado fallido, por su uso abusivo del poder y su irrespeto por las normas internacionales.

Se comparta o no la noción teórica de Estado fallido, lo cierto es que hoy en día es munición semiótica que se dispara contra naciones que no estén alineadas con el statu quo y con la voluntad del hegemón global.

Sin ir demasiado lejos, hace un año, el emperador Joe Biden catalogaba a Cuba como Estado fallido, valiéndose de la pandemia y de las protestas y disturbios que se vivieron en nuestro país por aquella fecha. Sin embargo, el índice de mortalidad en Estados Unidos por la covid-19 ha sido, como mínimo, cuatro veces superior al de Cuba, y manifestaciones, protestas y disturbios se han dado allá casi a diario (incluyendo una muy notoria toma del Congreso por partidarios de Donald Trump).

No obstante, algunos entusiastas de la restauración capitalista en la isla se han dado por estos días a la frenética mención de Cuba como supuesto “Estado fallido”. Sin atisbo de objetividad, han querido promover que las complejidades de la realidad cubana sobrepasan a las capacidades de respuesta del gobierno socialista, que existe una situación de ingobernabilidad, que no hay seguridad ciudadana. De forma abyecta y dolosa tratan de vender al mundo que somos una nación en caos, que nuestro modelo es “obsoleto”, que precisamos de una intervención extranjera para “poner orden”.

No podemos más que coincidir con el intelectual Aurelio Alonso cuando dijo, en respuesta a aquellas declaraciones de lord Biden:

“Sí, ciertamente Cuba es un Estado fallido; Cuba es un Estado fallido para las transnacionales que son capaces de hacer ganancias multimillonarias en medio de un año en que la economía mundial se depaupera totalmente debido a los efectos de una pandemia como la que está viviendo. (…) Cuba sería un Estado fallido para esas transnacionales, sería un Estado fallido para las desigualdades crecientes que se producen en el sistema norteamericano, un Estado fallido para los que tratan de hacer mercado y soborno a través del monopolio de las vacunas (…) Es un Estado fallido para toda esa miseria, de abuso de poder que se ejerce desde el imperio. Para ellos Cuba, el ejemplo cubano, es el ejemplo de un Estado fallido, cuando en el fondo el Estado fallido para el mundo, para la posibilidad de salir a flote de la humanidad es precisamente el que ellos están preconizando”.

(Tomado de Granma)

Mangosta, la Crisis de Octubre y la diplomacia secreta entre Cuba y Estados Unidos. Por: Elier Ramírez Cañedo

Fidel Castro comparece por CMBF-Televisión Revolución en respuesta al discurso del Presidente de Estados Unidos John F. Kennedy. Foto: Fidel Soldado de las Ideas.

De la humillación sufrida por la derrota de la invasión mercenaria por Playa Girón surgió el espíritu revanchista en la administración estadounidense. Cuba pasó a convertirse en una verdadera obsesión para los hermanos Kennedy.

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Publican en The New York Times llamado al presidente Biden: «Deja que Cuba se reconstruya». Por: Redacción de Cubadebate

Líderes y activistas preocupados en los Estados Unidos han hecho un llamado urgente en la edición dominical del New York Times, exigiendo a Biden que levante temporalmente las sanciones y permita que Cuba compre los suministros que se necesitan con urgencia para la reconstrucción después del huracán Ian.

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Cuba, el huracán y la palma. Por: Iroel Sánchez

Todos hemos sido afectados por el impacto del huracán Ian. Es comprensible la lógica irritación de quienes llevan varios días sin servicio eléctrico: la pérdida de alimentos o el llanto de un niño que no se duerme debido al calor no generan calma sino desesperación. Pero veo gente aprovechando las penurias eléctricas en Cuba para llamar a la violencia… de lejos.

Son los mismos que han llevado a un extremo violentísimo el ya violento bloqueo. Estarían felices de un muerto para convertirlo en bandera y llamar a la intervención militar que tanto desean. La mayoría de los cubanos no les hace caso pero puede haber quien les regale un grito con la consigna que quieren escuchar y les envíe el video para que moneticen sus sucios perfiles.

Sin embargo, no he visto un solo acto de violencia de las autoridades que han acudido contra quien ha expresado públicamente su irritación en estas difíciles circunstancias, algo que sería un tesoro con el que los enemigos de Cuba puedan justificar su odio.

Es la hora de la serenidad, de argumentar, explicar y comunicar, oportuna y pacientemente, también de saber diferenciar entre la protesta que surge de la falta de información en una situación tan difícil, de quien se presta como peón del veneno.

Tenemos organizaciones, delegados y Consejos populares para, al margen de la prensa y el mundo digital, hacer llegar la información oportuna a cada ciudadano, donde eso falla, fallamos, son gente ejemplar que sufre penurias al igual que todos pero necesitan que se les brinden datos y argumentos para hacer ese trabajo insustituible.

Como ellos, los cubanos buenos son más, muchos más y prevalecerán, como la palma enhiesta de Carlos Enríquez y Sindo Garay ante el viento de la dura tempestad.

Prevalecerán aún desde esta hora difícil. Son los que prefieren trabajar por el bien común, esos que vemos arrimando el hombro para dar luz, agua e higiene para todos.

(Tomado de La Pupila Insomne)