Estados Unidos: la arremetida energetica contra Rusia, Venezuela y Cuba. Por Hector Bernardo

Tomado de Diariocontexto.com.ar

«La nafta no te va a dar», esa popular metáfora que en Argentina preanuncia la falta de energía de una persona o de un grupo para llevar adelante una tarea, se ha transformado en un precepto de la política exterior de Estados Unidos.

La constante demanda de insumos para la generación de energía con la que abastecer su industria y las necesidades de la vida cotidiana de sus ciudadanos ha llevado al poder a tener una compresión estratégica de la importancia geopolítica de esos recursos. Por ese motivo, los sucesivos gobiernos de Estados Unidos mantienen una política de Estado que podría dividirse en dos grandes aspecto: el más conocido, el saqueo de los recursos naturales de otros países; el menos conocido, el violento y constante trabajo para impedir que sus «enemigos» (los países que no se alinean de manera sumisa a sus intereses) puedan producir, exportar o abastecerse de esos insumos. Los casos de Rusia, Venezuela y Cuba son claros ejemplos de ello.

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A propósito del monumento a Fidel. Por: Arleen Rodríguez Derivet

Fidel y su estrecha relación con el pueblo de Rusia. Foto: Archivo/Cubadebate.

Hará pronto 60 años de la primera visita de Fidel al enorme país -nación de naciones sería más adecuado decir para hablar de la URSS- que llegó a ser inspiración y apoyo fundamental para los grandes sueños de emancipación y desarrollo de los revolucionarios cubanos, con él al frente.

La dimensión de aquellos sueños podría calcularse por el espacio de tiempo que permaneció allí el líder de una revolución que recién comenzaba a desatarse como obra de transformación social.

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¿Por qué un monumento a Fidel Castro en Moscú, por qué ahora? Por Iroel Sánchez

En Moscú acaba de inaugurarse un monumento al Comandante en Jefe de la Revolución Cubana, en una plaza también llamada Fidel Castro en la capital de la Federación de Rusia. La iniciativa de un grupo de ciudadanos rusos fue calorizada por el Presidente Vladimir Putin, al extremo de que él mismo pronunció las palabras de inauguración e invitó para la ocasión a su homólogo cubano Miguel Díaz-Canel. En su intervención Putin realizó un argumentado elogio de Fidel, con un análisis de su personalidad y su impacto en la historia.

Acaba de concluir la exitosa visita del Presidente Miguel Díaz Canel y su delegación a Rusia, durante la cual se inauguró una estatua del Comandante en Jefe Fidel Castro en Moscú. La Fundación rusa que lleva su nombre ha organizado un coloquio esta semana para honrar su legado. Sirvan estas palabras como un acompañamiento a ese esfuerzo.

“Dedicó toda su vida a la lucha por el triunfo de las ideas de la paz, la justicia, por la libertad de los pueblos oprimidos, por una vida digna para la gente de a pie, por la igualdad social. Uno de los líderes más brillantes del siglo XX, una personalidad legendaria”, dijo el Presidente ruso al iniciar sus palabras sobre Fidel y agregó que el Comandante y sus compañeros “abnegadamente defendieron la soberanía de su país natal, no dejaron que lo destruyeran por invasiones de mercenarios, sanciones, por embargos económico-finacieros ni intentos de aislamiento desde afuera. Lograron defender el derecho de Cuba a su propio modelo de desarrollo según sus valores nacionales, no impuestos externamente. Consiguieron que en el mundo se tomara en cuenta y se respetara la opinión cubana.”

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Fidel y un nuevo tipo de relación de Cuba con EE.UU. Por José Ramón Cabañas

 Para comprender el aporte de Fidel Castro a la Ciencia Política y, en particular, a la esfera de las Relaciones Internacionales, sobre todo en cuanto a los vínculos de Cuba con Estados Unidos, debe partirse del precedente de la obra y la práctica de José Martí, el Héroe Nacional cubano, y la influencia de este en el pensamiento y la acción del primero.

Acaba de concluir la exitosa visita del Presidente Miguel Díaz Canel y su delegación a Rusia, durante la cual se inauguró una estatua del Comandante en Jefe Fidel Castro en Moscú. La Fundación rusa que lleva su nombre ha organizado un coloquio esta semana para honrar su legado. Sirvan estas palabras como un acompañamiento a ese esfuerzo.

Acaba de concluir la exitosa visita del Presidente Miguel Díaz Canel y su delegación a Rusia, durante la cual se inauguró una estatua del Comandante en Jefe Fidel Castro en Moscú. La Fundación rusa que lleva su nombre ha organizado un coloquio esta semana para honrar su legado. Sirvan estas palabras como un acompañamiento a ese esfuerzo.

Al estudiarse el legado de ambos en las transformaciones políticas y sociales sucedidas en Cuba en época distintas, se descubre que se apropiaron de un conocimiento profundo del pensamiento filosófico más adelantado de sus respectivos momentos históricos y lo adaptaron a las condiciones cubanas, sin extrapolaciones, construyendo un sistema de principios y conceptos propios que definieran el papel del país como actor internacional y, sobre esa base, las relaciones con su entorno.

De forma particular, Martí y Fidel estudiaron en extenso la historia estadounidense a través de distintos autores y llegaron a dominar el razonamiento sobre hechos y coyunturas al nivel de los mejores académicos de aquel país.

En Martí esa condición le permitió imaginar un sistema de relaciones interamericanas distinto al que proponía Estados Unidos a finales del siglo XIX e, incluso, le sirvió de base para representar a naciones hermanas como Argentina, Uruguay y Paraguay en la Conferencia Monetaria de 1891. Por si fuera poco, organizó una guerra de liberación nacional para lograr con la independencia de Cuba que ese país, ya con proyección imperialista, no se abalanzara sobre América Latina.

La visión de Fidel, por su parte, le permitió contar con una relación privilegiada con líderes políticos del hemisferio occidental, enfrentar al sistema neocolonial, vencer al Apartheid en Africa y acceder a la Presidencia del Movimiento de Países No Alineados, o alertar sobre el cambio climático cuando nadie hablaba de tal peligro, entre otras proyecciones internacionales.

De tanta trascendencia como estos logros, en el caso de Fidel, fue la conducción de manera personal de la relación bilateral de Cuba con Estados Unidos durante casi 50 años. En este escenario, Fidel diseñó estrategias e implementó proyectos, que son únicos en la práctica de la diplomacia internacional y que constituyen un legado para las nuevas generaciones de cubanos y para terceros. Ninguno de esos componentes tiene un carácter secreto y todos pueden conocerse a partir del estudio de sus principales discursos y textos.

Sirva el presente texto para apenas presentar algunas de estas contribuciones, sin observar un orden cronológico, o de importancia relativa.

A escasos días del triunfo de la Revolución Cubana la Secretaría de Estado (posterior Ministerio de Relaciones Exteriores) envió una nota diplomática a la embajada estadounidense en La Habana, por la cual se solicitaba el retiro de las misiones militares estadounidenses en La Habana, representativas de las distintas armas. Poco después se remitía otro texto en el que se relacionaban los nombres de un grupo de personeros del régimen del ex dictador Fulgencio Batista y Zaldívar, responsables de delitos comunes y crímenes contra la población civil, que habían emigrado a Estados Unidos y se solicitaba su detención y posterior extradición.

Estos son apenas dos ejemplos que indican que, desde muy temprano, Fidel y su equipo de gobierno plantearon las reglas de la igualdad soberana y la reciprocidad en las relaciones entre los dos países. Decenas de comunicaciones diplomáticas intercambiadas en esos años fundacionales son muestra de un nuevo tipo de relación que la Revolución cubana reclamaba de su vecino del Norte. Este ejercicio era único en el hemisferio y lo fue durante mucho tiempo.

Cuando se leen detenidamente dichos documentos, se aprecia que, a pesar de las diferencias de opiniones políticas en una larga lista de temas, la parte cubana asumió sus posiciones con un lenguaje fundamentado y de respeto. También exigió ese trato en respuesta.

Esta misma perspectiva estuvo en el centro de la primera visita de Fidel a Washington después del primero de enero de 1959, ocurrida en el mes de abril de ese año. Como dijera el propio Richard Nixon, el primer ministro cubano no fue a solicitar nada, como solían hacer la mayoría de los ejecutivos latinoamericanos que llegaban a la capital de la federación.

Fidel Castro fue a explicar por qué había tenido lugar la Revolución cubana y cuál era su plan de gobierno. Conversó con varios sectores estadounidenses, pero en especial con el pueblo, con el público más amplio, en la calle, en tribunas improvisadas, o en actos más formales. Dedicó amplio espacio a la prensa.

Y esta es, sin dudas, otra de las características de la nueva política exterior cubana hacia Estados Unidos: la interacción directa o indirecta con aquella sociedad, más allá de sus representantes, ejecutivos o líderes electos.

Fidel siempre confió (y actuó en consecuencia) en que en la misma medida en que el pueblo estadounidense conociera el propósito de la Revolución, entonces habría más posibilidades de llegar a tener algún día una relación, al menos de buena vecindad, entre ambos países.

Por alguna razón el Club Nacional de Prensa en Washington aún atesora los videos de aquella visita, entre los que considera como los 100 momentos más importantes del siglo XX para la organización.

Fidel no dudó en organizar la llamada Operación Verdad, cuando los medios estadounidenses intentaron desprestigiar los juicios que tuvieron lugar en Cuba contra criminales batistianos. Se invitó de inmediato a decenas de periodistas a visitar la Isla y a escuchar directamente de sus líderes sus argumentos, hablar con la gente y ante ellos también se hicieron autocríticas.

Cuando el gobierno de Estados Unidos escogió definitivamente el camino del enfrentamiento militar con Cuba, de las agresiones de todo tipo y de intentar aislar en el plano diplomático a la Isla, Fidel encabezó una defensa firme, que nunca llegó al odio al estadounidense, ni al irrespeto de sus símbolos nacionales, o de sus figuras históricas.

Frente al ejercicio de aislacionismo oficial, respondió con el desarrollo acelerado de relaciones políticas e ideológicas con una diversidad de fuerzas tanto al interior de Estados Unidos, como del resto del mundo. Muchos estudiantes o trabajadores que visitaron La Habana en su juventud fueron al cabo de los años presidentes, ministros, o rectores de universidades en sus respectivos países.

Cuando Estados Unidos forzó la limitación de los derechos de Cuba en el marco de la Organización de Estados Americanos, en La Habana se celebraban las conferencias de la Tricontinental y se fundaba la Organización de Solidaridad con los pueblos de Asia, África y América Latina. Es decir, cuando mayores eran los intentos de aislarnos, más crecían las relaciones exteriores cubanas.

De especial significación resultaron por diversas razones las llamadas primera y segunda declaraciones de La Habana, acaecidas el 2 de septiembre de 1960 y el 4 de febrero de 1962, respectivamente, ambas en respuesta directa al aumento de la beligerancia de Estados Unidos contra la Isla. ¿Qué tuvieron de particular estos eventos?

En primer lugar estamos hablando de concentraciones masivas, que sumaron la presencia de más de un millón de cubanos cada vez, cuando la población de la Isla rondaba entre los 5 y 6 millones de habitantes. Es decir, se trató de ejercicios de comunicación (si, en ambos sentidos) sin precedentes en los que el líder de la Revolución Cubana no sólo explicó sus argumentos, sino que también procuró el apoyo popular, que obtuvo con vítores y respuestas frecuentes.

Fueron hitos en la historia de la comunicación social, mucho antes que existieran las plataformas digitales actuales.

Estos eventos indican una comprensión clara y temprana en Fidel sobre el apoyo del pueblo y su participación en la política exterior. La importancia de que todos y cada uno de los cubanos hiciera suyos los criterios de respuesta a Estados Unidos y se sintiera parte del mensaje político.

La otra gran contribución de ambos sucesos es que durante su desarrollo se expresaron principios e ideas que constituyeron parte esencial de la posición oficial de Cuba respecto a Estados Unidos en los años subsiguientes, que iban desde el reclamo del cese de las agresiones, hasta la devolución del territorio ilegalmente ocupado en la Base Naval de Guantánamo. No se trataba de prioridades aprobadas entre burócratas, era la construcción de una posición cubana en lo internacional sobre la base prácticamente de la realización de un referendo.

El segundo de estos ejercicios se produjo después del término satisfactorio de la Campaña contra el Analfabetismo en Cuba, que sirviera para incorporar realmente a la vida política del país al 60% de los ciudadanos que no tenía instrucción escolar en 1959. De esta manera, Fidel concibió al pueblo educado y con valores como el mejor embajador de la Revolución y, al mismo tiempo, esculpió una relación indestructible entre la política interna y la política exterior del país.

En su memorable discurso ante la Asamblea General de Naciones Unidas en septiembre de 1960, Fidel estableció un paralelismo entre los problemas enfrentados por el pueblo cubano en aquella época y los existentes en el mundo subdesarrollado de la época, cuando explicó ante el plenario el texto de la Primera Declaración de La Habana.

Fue su manera de decir que, si se resolvían los desequilibrios nacionales en cada país, esto podría tener un impacto a nivel global y quizás abrir nuevos caminos para la Humanidad. Fidel se refirió a:

“El derecho de los campesinos a la tierra; el derecho del obrero al fruto de su trabajo; el derecho de los niños a la educación; el derecho de los enfermos a la asistencia médica y hospitalaria; el derecho de los jóvenes al trabajo; el derecho de los estudiantes a la enseñanza libre, experimental y científica; el derecho de los negros y los indios a la ‘dignidad plena del hombre’; el derecho de la mujer a la igualdad civil, social y política; el derecho del anciano a una vejez segura; el derecho de los intelectuales, artistas y científicos a luchar, con sus obras, por un mundo mejor; el derecho de los Estados a la nacionalización de los monopolios imperialistas, rescatando así las riquezas y recursos nacionales; el derecho de los países al comercio libre con todos los pueblos del mundo; el derecho de las naciones a su plena soberanía, el derecho de los pueblos a convertir sus fortalezas militares en escuelas, y armar a sus obreros». 

Su aprecio por la verdad y la transparencia lo llevó incluso a discutir intensamente con los líderes soviéticos de entonces sobre la necesidad de hacer públicos los propósitos de la instalación en Cuba de cohetes nucleares con propósitos defensivos hacia finales de 1962. En este año en se han desarrollado diversas actividades para analizar nuevamente los sucesos, bien pudiera decirse que aquellas tensiones pudieron haber evitado, si desde un inicio hubieran sido públicas las intenciones cubanas y soviéticas.

A pesar del duro enfrentamiento que se generaba desde Estados Unidos, Fidel no se atrincheró en la incomunicación respecto a Washington. Conoció eventos y transmitió mensajes desde una variedad de fuentes y por una diversidad de canales. Y esta sería una actuación que lo acompañaría toda la vida: nunca se formó un criterio respecto a un hecho con un solo dato, conocido por una sola vía, fuera cubana, o extranjera.

Después de garantizar un conocimiento diverso, revisó la causalidad de lo sucedido una y otra vez, puso el principio en el fin, y viceversa. Contrastó siempre el hecho en sí con el devenir histórico y lo proyectó hacia el futuro, una y otra vez.

En la medida en que los peores años de la confrontación militar de Estados Unidos hacia Cuba fueron pasando y la Isla fue expandiendo sus vínculos internacionales, se abrieron puertas hacia el interior de la sociedad estadounidense que Fidel Castro transitó de forma magistral.

De forma resumida puede asegurarse que, con la paciencia de un orfebre, Fidel fue construyendo de forma directa, o indirecta, una red de relaciones al interior de Estados Unidos que le permitían un intercambio directo con diversos sectores de esa sociedad.

Comprendió como pocos la complejidad del sistema político estadounidense, así como los niveles federales, estaduales y locales de conformación de política. Se formó una visión de los problemas acuciantes del Sur estadounidense, que son muy diferentes a los del medioeste, u otras zonas.

Su vínculo personal directo con Malcom X, Mohamed Alí, Danny Glover, Angela Davis, o el reverendo Lucius Walker, le garantizaron una interpretación particular respecto a la comunidad afrodescendiente, al mismo tiempo que explicaba a esta la participación internacionalista de Cuba en África que comenzó en 1960 en Argelia, pasó por los cambios políticos en África sudoccidental entre 1975 y 1990 y transcurren hasta hoy.

Fidel tuvo un mensaje personal para cada visitante en La Habana, o para cada contraparte en los viajes a New York y Washington. Recibió de todos y cada uno datos y razonamientos que archivó con interés. Y todo este conocimiento fue vertido en sus relaciones con el Congreso estadounidense. Fidel es posiblemente el líder extranjero que más contacto tuvo con representantes y senadores federales estadounidenses, siendo Cuba el país más visitado por estos durante varios años, en particular, después de 1990.

Como parte del pueblo estadounidense privilegió sus relaciones con la juventud, sobre la firme creencia de que el diálogo con los jóvenes garantiza la paz y estabilidad futuras. Basten en este acápite dos ejemplos: sus reiteradas presentaciones ante los estudiantes que llegaban a La Habana como parte del programa Semestre en el Mar, con los cuales establecía un diálogo entre iguales, sin presión de tiempo y con extensos argumentos.

El otro caso es el inicio del ingreso de estudiantes estadounidenses en la llamada Escuela Latinoamericana de Medicina en Cuba a partir del año 2000, proyecto en el que han matriculado de forma gratuita cientos de jóvenes de comunidades de bajos ingresos, con el único compromiso de regresar a sus lugares de origen, para ofrecer su servicio a esos puntos de la geografía estadounidense. Son estudiantes y graduados que no solo llevan consigo el mejor aprendizaje de la escuela cubana de medicina, su práctica, sino también la experiencia de convivir con el pueblo de Cuba durante largos años. Otros miles de estudiantes universitarios estadounidenses han procurado su propia experiencia en Cuba, con apoyo institucional o no, durante más de 60 años.

Debe destacarse en su legado, como líder de talla internacional, la comprensión y su actuación en consecuencia en los momentos en que se generaba una crisis, tuviera esta dimensión bilateral o multilateral. Basten señalar dos ejemplos.

El 11 de septiembre del 2001, cuando el mundo aún trataba de comprender el alcance de lo sucedido en las Torres Gemelas de New York y en el edificio del Pentágono en Washington, Fidel comunicó a las autoridades estadounidenses la disposición de los aeropuertos cubanos a recibir los aviones de aquel país que aún estuvieran en pleno vuelo y que necesitaran puntos de aterrizaje alternativo. En ese momento, lo que importaba era la seguridad de vidas humanas y no consideraciones de índole técnico o logístico, sobre la capacidad de las instalaciones cubanas para dar tal servicio, o riegos para el país.

Cuando a finales de agosto del 2005 el terrible huracán Katrina azotó la sureña ciudad de New Orleans, en el estado de Luisiana, Fidel organizó el contingente Henry Reeve, nombrado en honor a un alto oficial estadounidense que luchó en la guerra de independencia contra España, el cual estuvo listo para partir y asistir a las víctimas de aquella tragedia que produjo más de 1800 víctimas fatales y daños multimillonarios.

Ninguno de estos ofrecimientos recibió respuesta adecuada por parte de las autoridades estadounidenses.

En términos de la relación bilateral oficial con Estados Unidos, Fidel expuso públicamente una y otra vez una visión estratégica de largo plazo, definió principios y prioridades, que respetó en todo momento y fueron precisamente las que permitieron llegar a la reanudación de las relaciones diplomáticas, a partir de julio del 2015. Nunca esos objetivos estratégicos fueron sometidos a las urgencias de una coyuntura, ni a un interés cortoplacista. Por encima de todo, llegó a la convicción y explicó al mundo que Cuba nunca negociaría bajo presión ningún tema, lo cual hoy constituye un principio constitucional de la República.

En ese sentido, se concentró en prioridades y buscó alternativas para reducir tensión en puntos de la agenda bilateral. Aunque Cuba ha mantenido y mantendrá el reclamo sobre el territorio ilegalmente ocupado por la Base Naval en Guantánamo, se han tomado durante años un grupo de medidas que permitieron, por un lado, reducir el riesgo de un enfrentamiento indeseado alrededor de la instalación, al mismo tiempo que se convirtió a aquella en un enclave de escaso valor militar, en caso de producirse una agresión directa contra Cuba.

Ha quedado debidamente documentado que fue Fidel Castro, y no los diez presidentes estadounidenses a los que se enfrentó, quien envió más mensajes a la otra parte para lograr un tipo de relación bilateral de mutuo respeto.

El propio año de su fallecimiento, al ofrecer sus reflexiones sobre el significado de la visita del Presidente Barack Obama a Cuba marcó, como parte de su legado, los dos extremos entre los que tiene lugar la relación de la Isla con su vecino poderoso:

“Nadie se haga la ilusión de que el pueblo de este noble y abnegado país renunciará a la gloria y los derechos, y a la riqueza espiritual que ha ganado con el desarrollo de la educación, la ciencia y la cultura” y agregó “No necesitamos que el imperio nos regale nada. Nuestros esfuerzos serán legales y pacíficos, porque es nuestro compromiso con la paz y la fraternidad de todos los seres humanos que vivimos en este planeta”.

Contribución de Fidel al nuevo tipo de relación de Cuba con Estados Unidos

El nuevo mundo según Estados Unidos. Por: Atilio Borón

Semanas atrás la Casa Blanca dio a conocer su largamente esperado documento sobre la Estrategia de Seguridad Nacional 2022 (ESS) que habría de guiar la política exterior de la Administración Biden.

Esta clase de informes se tornaron obligatorios desde 1987 a los efectos de comunicar al Congreso la visión del Poder Ejecutivo sobre los problemas que menoscaban la seguridad nacional del país. La ESS debe explicitar los cambiantes desafíos que el escenario internacional plantea a Estados Unidos –tema especialmente relevante en el contexto del actual derrumbe del orden mundial de posguerra– y los recursos con que se cuenta para enfrentarlos.

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Rusia revelará evidencias de EE.UU. en guerra biológica. POR: TELESUR

En este artículo: 

El jefe de las Tropas de Defensa Radiológica, Química y Biológica de las Fuerzas Armadas de Rusia, Ígor Kiríllov, dijo a la prensa que la próxima semana su país presentará evidencias del incumplimiento de las obligaciones de Estados Unidos y Ucrania bajo la Convención sobre Armas Biológicas y Toxínicas.

Kiríllov dijo que Rusia convocó a una reunión extraordinaria de los estados firmantes del tratado para demostrar las actividades ilícitas y peligrosas que realiza EE.UU. en 336 laboratorios biológicos distribuidos en 30 naciones, según datos aportados por la cancillería china.

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Amnistía Internacional habla de Ucrania: Dobles raseros y crímenes sin castigo. Por Iroel Sánchez

Amnistía Internacional (AI) es una organización, no sin cierto sesgo pro occidental que ha venido durante décadas recibiendo el favor de los grandes medios de comunicación y gobiernos del Norte desarrollado y rico en la denuncia de violaciones de derechos humanos, muchas veces coincidentes con las agendas de estos. Sin embargo, recientemente ha cometido un desliz que ha puesto en situación de conflicto esa relación sinérgica.

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Geopolítica multipolar. Por: Luis Britto García

A medida que las ciencias avanzan, se distancian unas de otras hasta suponer inalcanzable el ideal de la totalidad. Excepción de esta regla es la estrategia, saber que requiere una de las mayores integraciones de conocimientos para formular conclusiones. No hay estrategia sin examen de la geografía, la sociedad, la economía, la política, las relaciones internacionales y ese universo de conocimientos, representaciones, valores y prácticas que llamamos cultura. En tal sentido, el último libro del general en jefe Vladimir Padrino LópezGeopolítica Multipolar: a 20 años del 13-A (Fundación Editorial El Perro y la Rana, Caracas, 2022) es una travesía por las agendas que definen la contemporaneidad, a la vez que manual de supervivencia en ella. Destaquemos algunas.

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Ni Europa y EEUU son socios, ni Europa necesita a la OTAN. Por Luis Gonzalo Segura, publicado en Rusia Today

Biden anuncia un aumento de tropas estadounidenses en Europa

Nos dicen que los europeos y los norteamericanos somos socios, pero existen hechos incuestionables que desmontan esta falacia. En suelo europeo se encuentran desplegados por lo normal 70.000 militares norteamericanos en bases militares distribuidas por la geografía del Viejo Continente, una cifra que se eleva en la actualidad a más de 100.000 efectivos. Además, existe multitud de armamento norteamericano en Europa, incluyendo armas de destrucción masiva —pero no como las que Estados Unidos aseveró que existían en Irak, sino de las de verdad—.

Ahora, constatado este hecho, pregúntese cuántas bases militares europeas hay en Estados Unidos. La respuesta es conocida por todos: ninguna.

Vayamos a las otras dos grandes potencias mundiales: China y Rusia. ¿Cuántas bases militares chinas hay en Rusia o cuántas bases militares rusas hay en China? Efectivamente, ninguna. No solo no hay, es que ni se les pasa por la cabeza a ninguno de los dos países permitir que el otro instale bases militares en su territorio.

Habrá quien pueda replicar que existe una disimetría en la asociación entre europeos y norteamericanos, pero lo cierto es que lo que existe es una anormalidad. Una anormalidad si consideramos a Europa y los países europeos como soberanos e independientes, pero una absoluta normalidad si asumimos la realidad: Europa es un territorio militarmente sometido a Estados Unidos.

Esta es la primera obviedad que debemos poner de manifiesto antes de poder continuar.

La OTAN es una organización militar no defensiva comandada por EE.UU.

La OTAN es una organización militar. Esto es lo segundo que debe quedar claro. Y no es poco. Si ya tenemos claro que Europa es un territorio sometido militarmente a Estados Unidos y que la OTAN es una organización militar, el siguiente paso es de cajón: la OTAN somete militarmente a Europa.

«Lo que necesita Europa es aceptar y asumir que no habrá paz en Europa hasta que tenga en cuenta a Rusia, hasta que considere que debe pactar con Rusia y establecer relaciones de vecindad geopolítica. Hasta que la respete en términos geopolíticos.»

Desgraciadamente, todavía hay quienes lo niegan, pero la historia alberga pocas dudas al respecto. Cuando los norteamericanos no quisieron desalojar Europa tras la II Guerra Mundial, fueron múltiples las personalidades, sobre todo francesas, las que protestaron enérgicamente por ello. Entendían, y entendían bien, que la soberanía europea podría estar en serio peligro. Cuando entre 1990 y 1991 se negociaba la reunificación alemana, fueron los norteamericanos los que se negaron a que en Europa se creara una asociación paneuropea de defensa en la que no tuviera cabida Estados Unidos.

Pero, si estaban en Europa para proteger a los europeos de los perversos soviéticos, ¿qué sentido tenía seguir en territorio europeo cuando estos ya no representaban un peligro? ¿Protección? Va a ser que no. Y cuando Emmanuel Macron declaró la «muerte cerebral» de la OTAN y pidió la formación de un Ejército europeo y los norteamericanos se negaron, ¿también lo hacían por protegernos? Oh, sí, por protegernos de los rusos… ¿De verdad?

Europa no necesita a la OTAN

El problema de la necesidad de protección de Europa de la amenaza rusa es que si acudimos a los datos encontramos serias lagunas:

  1. Gasto militar: Europa en su conjunto gasta cuatro veces más que Rusia en Defensa (unos 198.000 millones de euros anuales por unos 51.000 millones de euros, cifras que se han incrementado en ambos casos con el comienzo de la guerra).
  2. Contingente militar: En cuanto a contingente militar se refiere, en Europa hay 1,3 millones de militares por unos 900.000 en Rusia, de los que no todos son profesionales.
  3. Demográficamente: Europa es casi cuatro veces mayor que Rusia, lo que va, redondeando, de 550 millones de habitantes a 150 millones. Este aspecto es esencial en cuanto a la movilización de potenciales reclutas y al potencial económico en caso de guerra.
  4. Económicamente: Europa (21 billones) tiene un PIB casi veinte veces superior al de Rusia (1,5 billones).
  5. Nuclearmente: Rusia tiene más de 6.000 ojivas nucleares, mientras Europa casi no posee armamento nuclear y este se reduce a unos pocos centenares de armas nucleares.

Por tanto, Europa no necesita la ayuda de nadie para enfrentarse a Rusia en términos militares: cuadruplica su gasto militar, casi duplica el contingente de militares profesionales, cuadruplica su población y su economía es veinte veces superior. Rusia jamás podrá, ni pretenderá, conquistar la antigua Europa del Este, menos aún confrontar con Europa o la OTAN. Semejante afirmación es una estupidez supina, pues solo existe un apartado en el que Rusia puede intimidar a Europa, el nuclear, y, la verdad, para ello protegernos de esa amenaza no necesitamos a Estados Unidos, pues un ataque nuclear ruso terminaría con el planeta.

«Ello no quiere decir rendirse a Rusia ni enemistarse con EE.UU., quiere decir ser un actor en el contexto internacional, tener un Ejército europeo y que no haya ni un solo militar norteamericano en suelo europeo. Un actor que haga aquello que más le conviene y no aquello que más conviene a su señor, los EE.UU.»

Se podría pensar, tras la II Guerra Mundial, que la presencia militar norteamericana era necesaria como forma de disuasión al temible Ejército rojo —y ello es más que discutible—, pero pensar que Europa necesita en la actualidad o ha necesitado en las últimas décadas a los Estados Unidos o a la OTAN para defenderse de Rusia es, en términos objetivos, insostenible y disparatado. Si la diferencia entre ambas potencias no es suficientemente disuasoria, nada lo será.

No habrá paz mientras la OTAN o los EE.UU. estén en Europa

Europa no necesita ni a la OTAN ni a los militares norteamericanos, mucho menos los aumentos presupuestarios militares, para mantener la paz en Europa. Lo que necesita Europa es aceptar y asumir que no habrá paz en Europa hasta que tenga en cuenta a Rusia, hasta que considere que debe pactar con Rusia y establecer relaciones de vecindad geopolítica. Hasta que la respete en términos geopolíticos. Como no fue posible la paz durante décadas en Europa mientras no se tuvo en cuenta a Alemania y se pretendió que no adquiriera el rol que le correspondía. En el caso de Alemania, los europeos necesitamos dos guerras mundiales y más de cien millones de muertos para comprenderlo, por lo que es de esperar que no necesitemos de tanto en esta ocasión.

Ello no quiere decir rendirse a Rusia ni enemistarse con Estados Unidos, quiere decir independizarse, tomar decisiones propias, ser un actor en el contexto internacional, tener un Ejército europeo y que no haya ni un solo militar norteamericano en suelo europeo. Un actor que haga aquello que más le conviene y no aquello que más conviene a su señor, los Estados Unidos. Porque en ocasiones los intereses de Estados Unidos y los de Europa son diferentes, como ocurre en el caso de Ucrania, donde a los norteamericanos les interesa lo contrario que a Europa: la guerra, la tensión, el muro, el odio. El desgaste de Rusia. Justo lo que ahora mismo están contemplando con regocijo mientras se encuentran cómodamente sentados en el otro lado del océano comiendo palomitas. No lo olviden: Estados Unidos no parará hasta humillar a Rusia.

No sabemos si ganarán o no los norteamericanos, pero sí sabemos que los europeos vamos a enfrentarnos a un escenario de creciente inestabilidad en el que todo es posible. Como todo fue posible en el pasado. Si sabemos que tras la I Guerra Mundial colapsaron los imperios y que, tras la II Guerra Mundial, los países europeos se convirtieron en vasallos, pensar lo que puede acontecer, estremece. Pero más estremece esa gran certeza que demasiados quieren obviar: no habrá paz en Europa mientras exista la OTAN.

Los dos focos delirantes en la nueva estrategia de la OTAN. Por E. Parra, publicado en Rusia Today

La cooperación de Pekín y Moscú «va en contra de nuestros valores e intereses», destacó la Alianza.

Los países miembros de la OTAN aprobaron este miércoles su nueva estrategia, en la que afirmaron que China «desafía sus intereses, seguridad y valores», y calificaron a Rusia de «la amenaza más significativa y directa».

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Vida y milagros de la OTAN. Por: Luis Britto García

Concebida como amenaza, la OTAN no ha dejado de hacerse cada vez más amenazante. Foto: Archivo/Cubadebate.

En medular y documentado trabajo, demuestra James A. Lucas  que, desde el fin de la II Guerra Mundial, Estados Unidos ha matado más de 20 millones de personas en 37 países víctimas. Ese genocidio ha sido cumplido en parte significativa a través de la North Atlantic Treaty Organization, (NATO, u Organización del Tratado del Atlántico Norte: OTAN para los  hispano parlantes). Al final de la conflagración mundial,  las fronteras políticas se confundieron con los límites de la ocupación militar de  las potencias vencedoras. En vano fue que los soviéticos invocaran en todos los tonos la paz y el pacifismo. El objetivo de Estados Unidos y sus satélites era crear una amenaza militar que forzara a sus antiguos aliados a gastar en armamentos los fondos que  pudieran invertir en reconstruir un país que sobrellevó la más pesada parte de la carga destructiva de dos contiendas mundiales. No hubo paz: el fin de la II Guerra Mundial fue el estallido de la Guerra Fría.

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