Revoluciones de colores, esnobismo y música incendiaria.

Revoluciones de colores, esnobismo y música incendiaria.

Las “revoluciones de colores” son las versiones kitsch de las revoluciones “clásicas”. “Son las revoluciones de la postmodernidad que han tomado mucho del fascismo”, apuntó el académico ruso Serguei Kara-Murza. Las emociones cabalgando sobre una nueva tecnología para derrocar gobiernos, etiquetada con el inocente nombre de “métodos no violentos”. Lo que importa en estas  fast-revoluciones es presionar, desestabilizar, tumbar, no resolver contradicciones sociales.  Se copian los tips de aquellas revoluciones para el stiling del espectáculo. 

Fueron diseñadas por tanques pensantes occidentales, para con menos gastos que con las guerras convencionales y con menos revuelo de la opinión pública, derrocar a sus adversarios. Resultan de la apropiación de ciertos métodos revolucionarios para subvertir, deconstruyendo, las normas de legitimidad, de valorar a los políticos. Son operatorias híbridas,  lideradas por agentes entrenados, con las que las élites imperialistas cosechan los frutos de tantos años de influencia, de engatusamientos, de inoculación de su superioridad, por goteo simbólico.  

Unos de los rasgos postmodernos de estas revueltas es el carácter lúdico de las operatorias, para tomar el poder, se juega con el poder. Como “todo vale”, no hay método “correcto”, “político”, “legítimo” o “ético”. Se reconoce, sin sonrojo, que se recibe financiamiento externo, de agencias y ONG extranjeras. Se recurre a la burla, al sarcasmo, al lenguaje soez. Se apropian de los símbolos del adversario para subvertirle sus significados. Se recurre a la postverdad y a las fake news, con el propósito de manipular y capitalizar reacciones.            

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La fórmula de Praga y las revoluciones de colores para Cuba

La fórmula de Praga y las revoluciones de colores para Cuba

Durante la ofensiva cultural librada por la CIA contra el socialismo, después de finalizada la Segunda Guerra Mundial, la agencia de inteligencia estadounidense creada en 1947 se infiltró en todos los espacios de la cultura.

La CIA publicó a autores conocidos que seguían la línea de Washington, realizó múltiples acciones para contrarrestar el arte con algún contenido social, subvencionó a periódicos y periodistas, y compró a artistas e intelectuales. Seguir leyendo