Sin amnesia. Por: Iroel Sánchez

Es muy duro lo que estamos pasando en Cuba, buscar culpables en esa circunstancia es una tentación más que lógica, aunque no siempre justa. Ninguna gestión es perfecta, menos aquella que se realiza bajo una guerra sin cuartel que no solo tiene efectos económicos, sino también políticos y psicológicos, lo que hace que  cualquier error multiplique sus consecuencias.

Justificarse con ello tampoco es una opción, no debe tener sentido para quienes sabemos cómo nuestro pueblo, guiado por Fidel, enfrentó y venció las más difíciles circunstancias. La única opción posible es exponer la verdad ante ese pueblo invencible, como se está haciendo, creo yo.

Sin embargo, cuando veo un cubano residente en esta isla preguntando en rol de fiscal cibernético por qué no reparamos las termoeléctricas en el 2021, me miro, me veo y toco, aún vivo al igual que él, busco la tasa de letalidad por Covid aquí y compruebo que es la mitad de la del resto de los países de América, y recuerdo entonces que sin ingresos por turismo y remesas, con todas las fuentes de divisas coartadas por el genocida de Trump y su continuador Biden, Cuba gastó el dinero que tenía y el que no tenía para hacer que él, yo, y nuestros familiares y amigos, tuviéramos el doble de probabilidad de sobrevivir a la pandemia que cualquier habitante de otra nación en este continente, preservando empleos y salarios, lo que generó un enorme déficit fiscal que hay que resolver con urgencia, como hay que solucionar los efectos indeseados de un ordenamiento que hoy se reconoce tuvo errores de diseño .

Y quienes son felices porque alguien dice lo que ellos quieren escuchar nos negaron en ese mismo año 2021 hasta el oxígeno y ofrecieron vacunas cuando ya estábamos vacunados como el que más, y aunque todo eso no nos costó un centavo a ese alguien o a mí, a esa economía cercada que no pudo reparar las termoeléctricas a tiempo sí le costó, aunque eso sea invisible.

Y sí, comparto mi luz y mi apagón con él, como compartiré el destino de las bombas con los “opositores” que creen los misiles vienen con dirección, número de carnet de identidad y un cartel bien grande que dirá “solo para comunistas”, si algún día, gracias a opiniones como la suya los de enfrente se equivocan y nos creen lo suficientemente divididos para no poder defendernos.

Pero si eso no sucede, y gracias a que Facebook no es Cuba y su pueblo no es lo que el imperio paga por ponernos en las pantallas, todo este difícil momento pasa, como ya pasaron otros no menos difíciles, volveré a compartir con él médicos y vacunas, aunque no respeto y afectos, porque, palabra del Maestro: “La pobreza pasa: lo que no pasa es la deshonra”.

Chapeando: Cuando quieren que creas que el país estalla para hacer que estalle. Por: Arleen Rodríguez Derivet

Ayer tuvimos aviso de la publicación en formato digital de un libro de Javier Gómez, decano de la Famca, que tiene una actualidad tremenda.

Los que curan y los que envenenan, páginas de una pandemia mediática rescata artículos publicados en diversos medios digitales e impresos cubanos, donde se muestra y analiza con ejemplos concretos cómo, a través de fake news y manipulaciones, se articuló la guerra mediática contra Cuba en el curso de la pandemia de COVID19, llegando a generarse estados de incertidumbre y pánico social.

Quienes siguen en tiempo real esa guerra mediática que no cesa y han estado al tanto de lo que publicaron ciertos sitios en las últimas horas, deben haber experimentado una suerte de déjà vu, la certeza de que ya vivimos algo exactamente igual. Y el libro de Javier aparece en el momento justo para decirnos que sí, que esto ya pasó y sigue pasando.

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Aros de fuego. Por: Michel E Torres Corona


Y se borrarán los nombres y las fechas

y nuestros desatinos

y quedará la luz, bróder, la luz

y no otra cosa.

Sigfredo Ariel

Cuando mi madre era una niña también había apagones. “Nosotros siempre hemos estado en periodo especial”, suele repetir. Para ella, los  “buenos tiempos” fueron suerte de treguas que nos fuimos ganando por el camino. Treguas cortas, fugaces, que se esfumaron sin que pudiéramos valorarlas en su justa medida. El profesor Julio Fernández Bulté, en una conferencia grabada hace años, menciona los años 80 y sentencia: “Éramos felices y no lo sabíamos”.

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