El nuevo mundo según Estados Unidos. Por: Atilio Borón

Semanas atrás la Casa Blanca dio a conocer su largamente esperado documento sobre la Estrategia de Seguridad Nacional 2022 (ESS) que habría de guiar la política exterior de la Administración Biden.

Esta clase de informes se tornaron obligatorios desde 1987 a los efectos de comunicar al Congreso la visión del Poder Ejecutivo sobre los problemas que menoscaban la seguridad nacional del país. La ESS debe explicitar los cambiantes desafíos que el escenario internacional plantea a Estados Unidos –tema especialmente relevante en el contexto del actual derrumbe del orden mundial de posguerra– y los recursos con que se cuenta para enfrentarlos.

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Bajo la lupa. Por: Alfredo Jalife

Hambre global aumentó a 821 millones de personas y a 39,3 millones en América Latina y el Caribe en 2017. Uno de cada cuatro habitantes de la región sufre obesidad, mientras que la desnutrición infantil sigue disminuyendo.

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¿A qué le teme Estados Unidos?

¿A qué le teme Estados Unidos?Por: Telma Luzzani

El acelere brutal que Estados Unidos ha dado a la guerra en Ucrania en las últimas 48 horas pareciera estar motivado en los espantosos crímenes perpetrados en la localidad ucraniana de Bucha.

Eso es lo que proclaman los grandes medios de comunicación europeos y norteamericanos a pesar de que no está claro quiénes los cometieron ni se ve la intención de dilucidar la autoría. Las Naciones Unidas negaron a Rusia la posibilidad de mostrar sus argumentos de inocencia y no hay miras de que se envíe una delegación de forenses para conocer, al menos, si la matanza fue perpetrada cuando los rusos aún estaban en Bucha o después del 31 de marzo cuando ya se habían ido.

No obstante, hay dos hechos, ocurridos los últimos días, que fastidiaron profundamente a Washington y tal vez expliquen mejor esta nueva embestida norteamericana de la que enumero sólo algunos aspectos:

– Envío de más armas a Ucrania por parte de la OTAN e incluso de EEUU – el presidente Biden anunció el despacho de misiles antitanques Javelin-

– Nuevas sanciones contra el presidente Vladimir Putin, otros dirigentes y sus familias. Represalias contra el rublo y contra Gazprom (Alemania tomó control temporal de la filial alemana del gigante ruso).

– Retiro de diplomáticos rusos de los países satélites (Italia, España, Francia, Alemania y otros)

– Expulsión de Rusia de la comisión de Derechos Humanos de la ONU (EEUU ha presionado fuertemente a los países subordinados para que votaran en ese sentido)

– Amenaza de la Casa Blanca de no asistir a las reuniones ministeriales del G 20 si Rusia (miembro legítimo de ese grupo) concurre.

¿Cuáles fueron los dos hechos que perturbaron seriamente a Estados Unidos?

Rusia-India-China una realidad peligrosa para la hegemonía de EE.UU. Foto: Tomada de Noticias Pia.

Primero el avance en las conversaciones de paz entre Rusia y Ucrania alcanzado el 29 de marzo en Turquía. Ucrania propuso adoptar un estatus neutral a cambio de garantías de seguridad y Rusia anunció la reducción de la actividad militar en los alrededores de Kiev y Chernihiv entre otras señales positivas. Este escenario evidentemente no era el esperado por Washington. Para decirlo con las palabras directas utilizadas por el diario chino Global Times: “Si Kiev y Moscú se reconcilian, Estados Unidos no podrá hacer que Rusia se desangre hasta la última gota”.

El segundo motivo tiene que ver con las medidas que Rusia, China, Arabia Saudita e India están adoptando y que, a mediano plazo, podrían terminar con la hegemonía del dólar como moneda global.

La decisión de Rusia de cobrar el gas exportado en rublos (en vigor desde el 1º de abril) no sólo fortaleció la moneda rusa y evitó el impacto de las sanciones económicas de Occidente, sino que coronó una serie de medidas- como el uso de plataformas alternativas al sistema interbancario SWIFT y el comercio bilateral en monedas nacionales entre Rusia y China o entre Rusia e India, por ejemplo-, que irían progresivamente desdolarizando el sistema internacional y, a la larga, podrían generar un nuevo tipo de orden en las relaciones comerciales y financieras.

La transición hegemónica del sistema mundial hacia un multipolarismo relativo se ha acelerado con la guerra en Ucrania. La arquitectura institucional que EEUU impuso a partir de 1945 cruje y un nuevo orden geopolítico y geoeconómico estaría en marcha. Desde la segunda mitad del siglo XX, todos los países (al ser el dólar la moneda de intercambio global) se vieron obligados a conseguir la divisa norteamericana para sus transacciones. EEUU supo construir ese privilegio de ser el único país que poseía un “bien” que todos quieren comprar y todos necesitaban. Esa fortaleza está tambaleando. El colapso de este sistema de funcionamiento de los últimos 50 años es la gran pesadilla de Estados Unidos.

El sitio ruso RT lo explica a través del analista Ronan Manly, de la agencia de metales preciosos de BullionStar (principal distribuidor de lingotes de oro de Singapur). El 28 de marzo pasado, Rusia estableció una paridad fija rublo/oro y su Banco Central se comprometió a comprar el metal, a las instituciones de crédito a un precio fijo de 5.000 rublos por gramo, hasta el próximo 30 de junio.

“Esta medida podría tener enormes implicaciones para la moneda nacional rusa, para el dólar estadounidense y para el conjunto de la economía global en el caso de que Moscú adopte la decisión de vender su gas y sus productos agrícolas en rublos con referencia al oro”, opinó Ronan Manly.  “Lo que estamos viendo es el nacimiento de un nuevo sistema monetario multilateral respaldado por oro y materias primas. Países como China y las naciones exportadoras de petróleo ahora pueden sentir que es el momento de pasar a un nuevo sistema monetario más equitativo”.

El propio Joe Biden, a su manera, admitió el verdadero objetivo de Estados Unidos en esta guerra: “Estamos en un punto de inflexión histórica. Va a haber un nuevo orden mundial y tenemos que liderarlo”.

(Tomado de Noticias Pia)

Desnazificación. Por: Sandra Russo

Hace muchos años que se hacen invisibles hechos y poblaciones, y que millones de personas en todas partes tienen en mente un mundo que no es el real, sino el recorte que les han preparado, la única ventana por la miran las cosas.

La realidad contiene una diversidad que al poder le repele, porque seguimos actuando con la selección de las especies como marco de sentido común, incluso inconsciente. El poder llega hasta ahí de profundo, y cuenta con herramientas para hacer laparoscopías mentales y emocionales cada día. Pero el conflicto desatado en Ucrania sobregiró todo: lo que estamos viendo es de un nivel de hipocresía y de autoritarismo nunca visto.

Una táctica vieja como el colonialismo es la de construir a un enemigo; pero va acompañada por la de hacer invisibles las propias salvajadas. Lo que se oculta es a veces lo que no tiene importancia en los parámetros del pensamiento dominante: el aparato de comunicación occidental –y localizo esta perspectiva desde mi localización carnal y política de latinoamericana– se enloqueció a grados escalofriantes.

Muchos europeos aceptan como un acto de libertad que nadie pueda acceder a la información de diferentes perspectivas y fuentes en sus canales de noticias. El solo hecho de que esto no sea motivo de repudio sino contado y entendido como “debilitar al enemigo”, mete la guerra en las casas: lo que era una decisión doméstica ahora es una restricción estatal. ¿No hay opinión pública crítica de la posición de la OTAN? Claro que sí. Pero es invisible. Si no estuviéramos un poco dopados, nos habría llamado la atención que ningún canal pasara el discurso de Malenchon, en Francia, o el discurso de Claire Daly, la eurodiputada irlandesa que pidió a los gritos que paren con la rusofobia y se dediquen a buscar el regreso a la diplomacia. El argentino también es un aparato comunicacional que sirve a la OTAN. La misma que nos hizo la guerra en Malvinas.

Desde hace décadas, los padecimientos de pueblos enteros, de países cuyas tradiciones se extienden al origen de la humanidad, han sido ocultados. Vivimos bajo la égida informativa de la OTAN, y desde luego no nos iban a mostrar ni a dejar escuchar en los últimos años los lamentos de millones de condenados de la tierra, cuyos ricos territorios fueron destruidos por Estados Unidos, que lucha hoy por conservar una hegemonía que ya no tiene. Esta obsesión en aceptar que la multipolaridad es un hecho, y que tiene que dejar que el mundo se reacomode, la arrastra a la extrema derecha.

La reaparición de ese extremismo fanático devino en otra herramienta útil. Antes fogoneaban y financiaban grupos terroristas bizarros. Ahora, couchean posibles presidentes de los países que les convienen, y los entronan para hacer sus operaciones. Nadie con dos dedos de frente puede dudar de que Zelensky es un golpista dispuesto a convertir Ucrania en una Meca neonazi.

Ver la escena de esta guerra con Rusia como nación provocada en sus narices, cuando todavía estaban en marcha negociaciones con el atroz peso de las masacres del Dombass, no significa en absoluto que uno acuerde con las políticas internas de Putin ni que crea que desde Rusia llega información confiable, claro. Pero, ¿cómo tener pensamiento crítico cuando se obstruye por la fuerza la versión de una de las partes?
Uno de los reproches más contundentes que se le hacen, y al que aun teniendo otra perspectiva de este conflicto quien firma esto comparte, es su intolerancia en relación con el género y su poca tolerancia a la oposición.

El pensamiento crítico no puede acomodarse a un lugar fijo. Putin no es aquí evaluado por sus políticas internas, sino por la nueva geopolítica que Estados Unidos quiere abortar como sea. Y siempre le han venido bien los fanatismos, aunque empiece sus propias y múltiples invasiones con la excusa de “la libertad”. Los militares latinoamericanos entrenados por ellos que durante décadas y que hasta hoy luchan contra “el enemigo interno” eran fanáticos capaces de buscar las formas más perversas de eliminación física del otro. Sabemos poco sobre los abusos de Rusia, que seguramente existen, pero hemos probado en carne propia los abusos de Estados Unidos. Su propio embajador en la Argentina, posando con Macri el jueves, es un abuso diplomático.

Putin habla de la necesidad de la “desnazificación” de Ucrania y el poder de Occidente lo hacen sonar “autoritario”, “dictador”. Y claro que hay que desnazificar el mundo, aunque en la ONU, en 2021, los únicos países que se opusieron a una resolución que iba en ese sentido hayan sido Estados Unidos y Ucrania.

Esto es lo más peligroso: los neoliberales han arrastrado a los liberales y hasta a muchas izquierdas a ese tipo de tolerancia absurda que padecemos también en nuestra política interna. El librepensador se siente menos librepensador ahora si alguien afirma que los negacionismos, que incuban los totalitarismos, deben ser erradicados legalmente. Esa malformación de la tolerancia es lo que a muchos les hace pasar por alto las barbaridades que han hecho hace más de una década los nazis ucranianos.

Con el nazismo no se discute. Con el fascismo no se negocia. A los totalitarismos la democracia no puede tolerarlos, porque se les abre el camino al poder nuevamente, y lo primero que repetirán será su eterno modus operandi de solución final.

La vieja Europa sigue siendo atrozmente eurocéntrica, y este conflicto le hace decir cosas que las estaturas de los viejos líderes europeos no hubieran soportado. Ya no están ahí los que tuvieron padres partisanos o experiencia vital del nazismo. Los corresponsales de grandes medios o agencias agregan a su estupor por la violencia cosas como que “este un conflicto diferente a otros”, porque han visto víctimas “rubias y de ojos celestes, que podrían vivir en la otra cuadra de tu casa”.

Esa declaración está colocada sobre la conmiseración pero sólo del que se le parece racialmente. Eso es una semilla nazi. Es una hilacha de racismo intolerable. Siguen teniendo aliento de colonizadores.
Después no nos preguntemos de dónde salen los neonazis. Después no nos asombremos cuando nuevas ultraderechas lleguen al poder y desde los propios Estados se pretenda eliminar también la noción de género y volver a hablar de sexo: lo que se le critica a Putin. Eso, entre otras grandes calamidades que pueden ocurrir.

Muchos de los que creemos que Rusia tiene tanto derecho a su seguridad nacional como cualquier otro país del mundo, no votaríamos a un candidato como Putin. Lo que nos revuelve el estómago es que con estas patrañas Estados Unidos capitalice a su favor esa mirada, y se atente contra el mundo multipolar que sí queremos, que sí apoyamos, que sí queremos preservar porque al menos hasta ahora, ni Rusia ni China nos deben nada. Los que instalaron las doctrinas de “seguridad nacional” –y la usaron para el exterminio de argentinos– fueron los estadounidenses.

Ahora creen que el mundo es para ellos. Y ésa es la pesadilla, porque esta vez ya no serán las fuerzas armadas ni los jueces los que intentarán hacerse del poder, sino los fanáticos que cultivan in vitro y que aplastarán todas las diferencias. Los discursos del odio, ¿para qué los usan? Para quemar a las brujas de Salem.
(Tomado de Página12)