Ron DeSantis: ¿Peor que Trump?. Arnaldo Musa / Cubasí

El ex presidente Donald Trump y el gobernador de Florida Ron DeSantis.

Todavía están frescos los momentos en que el presidente Joe Biden y su vice, Kamala Harris, daban sus vueltas por Florida para adular inútilmente a gusanos de toda laya y elementos afines controladores de la vida política y económica estadual, con el fin de que ganara su candidato a gobernador por el Partido Demócrata en las más recientes elecciones intermedias.

No por gusto los votantes del llamado Estado del Sol son considerados de ultraderecha en un 60%, por lo cual reeligieron a Ron DeSantis, de quien se dice todavía extraoficialmente discutirá con Donald Trump la candidatura del Partido Republicano para las elecciones presidenciales del 2024 en Estados Unidos.

Inquieto, Trump ha desbarrado contra su oponente, quien es representado siempre en una imagen familiar, con su esposa y tres hijos, y se caracteriza por mencionar repetidamente a Dios en sus discursos.   
Hasta ahora a ninguno les interesa quienes podrían ser sus contrarios demócratas, para lo cual suenan al presidente Joe Biden y otros posibles nueve aspirantes.

A Trump, todos lo conocemos y sobre él pesa la acertada consideración del politólogo e intelectual norteamericano Noam Chomsky:

“Esto suena fuerte, pero es cierto: Trump es el peor criminal de la historia, sin lugar a dudas. Nunca ha habido una figura en la historia política que se haya dedicado tan apasionadamente a destruir los proyectos para la vida humana organizada en la Tierra en el futuro cercano; esto no es una exageración”.

También ha puesto al ex presidente republicano por delante de figuras infames de la historia, como el estafador Ponzi Bernie Madoff, el asesino presidencial Lee Harvey Oswald, el gángster Al Capone, el narcotraficante Pablo Escobar y el asesino en serie Jack el Destripador.

Entretanto, el considerado hombre más rico del mundo y actual dueño de Twitter, el empresario Elon Musk, quien antes había apoyado a Biden, aseguró que esta vez lo haría con DeSantis, porque lo considera “sensato y centrista”.

NADA DE CENTRISTA

Pero DeSantis no tiene nada de centrista, es un fiel seguidor de la agenda de la ultraderecha y su aún corta vida de 44 años así lo demuestra. En su propaganda, tiene a Dios de su parte, al menos como voz en off. En el anuncio de que había revalidado como gobernador de Florida, un locutor repitió el nombre de Dios 10 veces en minuto y medio.

DeSantis es igual que el expresidente en lo ideológico y diferente en lo demás: frío y de sobriedad militar.
Ejerció como abogado en la base que ocupa ilegalmente Estados Unidos en el territorio cubano de Guantánamo (2006) y Faluya, Iraq (2007), y en ambos puntos calientes asesoró y protegió a los soldados en relación con el maltrato a los prisioneros. A su vuelta a casa, en el 2008, actuó como consejero de abogados militares en servicio activo en el sureste del país, en especial sobre cómo proceder con casos “delicados”, como los de soldados acusados de violación. Después, en el 2012 saltó a la política, vía candidatura a un escaño del Congreso, que ganó.

Su patrimonio declarado asciende a más de 300 000 dólares. Sin embargo, su capacidad para recaudar fondos de campaña no encuentra límites. En la más reciente, reunió 200 millones de dólares.

Mantiene siempre una actitud distante incluso con sus colaboradores. Esa falta absoluta de calidez la suele compensar en campaña su esposa Casey DeSantis, expresentadora de televisión afable y habladora, quien suele acompañarle en actos clave.

DeSantis asumió la gobernación de Florida en enero del 2019, y poco después debió lidiar con la pandemia de COVID-19 en un estado muy golpeado por el virus: con casi millón y medio (1 465 903) de casos confirmados y 11 648 muertes.

En este contexto, DeSantis fue criticado por ordenar el levantamiento de las restricciones antes que la mayoría de los otros distritos, y se ha opuesto consistentemente al mandato obligatorio de usar mascarillas.

HAY MÁS

No se quedó ahí: prohibió los pasaportes de vacunas (incluso antes de que fueran reales) y bloqueó los requisitos de éstas contra el COVID-19 de los empleadores privados, intentando distinguirse de los «gobernadores de encierro», bajo el pretexto de proteger los derechos y libertades individuales.

DeSantis también se ha adentrado profundamente en las guerras por el plan de estudios en las escuelas, un elemento central para los republicanos.

El comisionado de educación de Florida anunció a comienzos de abril último que el 41% de los libros de texto de matemáticas enviados estaban siendo rechazados, porque DeSantis afirmó que incluían «conceptos de adoctrinamiento como el esencialismo racial».

Estas medidas equivalen a censura y conducen a la marginación de los niños más vulnerables que luchan con problemas de identidad, pero, cínicamente, el gobernador de Florida ha dicho repetidamente que su objetivo es “proteger a los niños”.

En este contexto, la legislatura de Florida dio en abril la aprobación final a una serie de proyectos de ley dirigidos a Disney, tras semanas de disputa entre la compañía con DeSantis por una nueva ley de claros tintes retrógrados que limita discusiones en las aulas sobre la orientación sexual y la identidad de género.

Sobre la prohibición de la teoría crítica de la raza en el aula, DeSantis dijo: “No quiero enseñar a los niños a odiar a nuestro país. No quiero enseñar a los niños a odiarse unos a otros y la forma de detener la discriminación por motivos de raza es dejar de discriminar por motivos de raza”.

Asimismo, para granjearse simpatías de aquellos que temen perder su trabajo, debido a la competencia, orquestó vuelos para trasladar a migrantes de San Antonio, Texas, a Martha’s Vineyard, Massachusetts, sin importarle que no eran estados de su competencia, en apoyo a la gobernación republicana tejana.

Este es el hombre que hace cuatro años apoyó y hoy en rabieta a Trump, quien acaba de bautizarlo como “Ron DeSanctimonious”, o sea, Ron, el mojigato o meapilas.

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