Lo que prospera en USA: Armas por hamburguesas. Arnaldo Musa / Cubasí

Al fin y al cabo, la Asociación Nacional del Rifle (NRA) tendrá que rendirle homenaje a Joe Biden, y hasta darle una medalla, porque cada vez que el presidente norteamericano balbucea cualquier tímido intento por controlar las armas con mayor potencia mortal entre la población, las ventas se vuelven a disparar en los 50 estados de la Unión, coadyuvando a la prosperidad del comercio al respecto y al mayor peligro de acciones individuales y colectivas.

Ya Biden había tenido experiencia en este tipo de fracasos, porque cuando era vicepresidente de Barack Obama, éste le ordenó liderar una propuesta que, entre otras cosas, buscaba reinstalar una antigua prohibición para la venta de rifles de asalto y cargadores de alta capacidad, así como imponer la revisión de antecedentes criminales para compradores. Nada de ello surtió efecto, y la venta de armas se volvió a disparar.

Los disturbios civiles en todo el país tras el asesinato de George Floyd provocaron en el 2020 un aumento sin precedentes de las personas que compraron un arma por primera vez, algo que volvió a ocurrir luego del asalto trumpista al Capitolio en enero del 2021, y analistas dijeron que hay una conexión bastante directa entre el nivel de incertidumbre de los estadounidenses y la cantidad de armas que compran.

Se dice que hay más armas que habitantes en Estados Unidos, pero el número de ellas, su exactitud, es difícil de establecer, porque a veces en pocos meses se vende actualmente más de ellas que en todo un año anterior, que ya de por sí era bastante.

Hace poco, el mismo día en que se registraron varias matanzas colectivas, las más letales en un club y en un Wal-Mart, medios estadounidenses daban más atención a la inauguración de una tienda en línea de la compañía Impact Guns -que tiene otros puntos de venta físicos en Idaho y Utah- con el estribillo de que fue fundada por tres personas apasionadas por lo último y lo mejor en armas de fuego y equipo relacionado.

También afirman haber sido pioneros en el concepto de garantía de por vida que viene con la compra de un arma nueva, dando gran importancia a la confiabilidad y reputación de sus armas de fuego.

De todas maneras, ello incrementa el número de tiendas de venta de armas, más de 100 000, superior a las de hamburguesas, incluidas las cadenas McDonald y Burger King.

POCA EXIGENCIA

En el estado norteamericano de Connecticut, la única exigencia para la compra de un arma es que el comprador tenga como mínimo 21 años. No hay control para la venta de rifles y escopetas.

Esto se repite a lo largo y ancho de la mayor potencia militar y económica del mundo, también con la mayor cantidad de muertes por armas de fuego, un problema que no tiene solución a la vista, como el de devolverle la vida a más de un millón de muertes causadas por la pandemia del coronavirus extremadamente descuidada por la anterior gobernanza.

Precisamente, el matonismo de Donald Trump alentó la inauguración de tiendas de ventas de armas y el darle rienda suelta a grupos supremacistas que contribuyen al mayor deterioro de la vida en la rica nación.

Las críticas más agudas apuntan a cuatro motivos: la anacrónica enmienda constitucional que permite el porte legal de armas, aprobada en 1791, hace más de dos siglos; las regulaciones laxas para quienes las obtienen; el hecho de que la mayoría de los estadounidenses gustan de las armas y la influencia que tienen los millonarios fabricantes sobre la política del país norteamericano

IRRESPETO

En Estados Unidos sí existen regulaciones federales; es decir, que se tienen que respetar en todo el país.

Pero la rigurosidad de los controles se determina a nivel estatal y varía mucho de estado a estado. Por ejemplo, en Vermont, un estado ubicado en el noreste del país, un joven de 16 años puede comprar una pistola sin la autorización de sus padres. Incluso, puede portarla en sus pantalones y estar completamente dentro de la ley, y más ahora cuando la Corte Supera de Justicia admite este peligroso detalle.

En Dakota del Norte, un empleador ni siquiera puede exigir a sus empleados que no guarden armas en sus autos, aun cuando estos se encuentren parqueados en las instalaciones de la empresa. Vale la pena notar que, a nivel estatal, los controles son cada vez más laxos.

A nivel federal, hoy opera el Acta de Control de Armas, que dice que es ilegal para ciertas categorías de personas enviar, transportar, recibir o poseer armas. Se refiere a acusados en una corte, convictos con penas superiores a un año, fugitivos de la justicia, adictos a las drogas, enfermos mentales, inmigrantes ilegales, expulsados de las Fuerzas Militares, quienes renuncien a la ciudadanía estadounidense, quienes tengan cargos en una corte por violencia doméstica. Pero, en la práctica, esto no funciona gracia$ a influencias.

Como siempre, se dice que la NRA está en el ojo del huracán. Fundada en 1871, defiende el derecho a poseer armas para defensa personal y recreación. Pero lo hace a través de una millonaria estrategia de lobby. Financia campañas políticas en todo el país y paga altas sumas de dinero en avisos comerciales.

Según el observatorio independiente Su light Fundación, el 51% de los congresistas han recibido apoyo del NRA.

Con este panorama, la pregunta que todos se hacen en Washington es: ¿votarán los congresistas a favor de mayores regulaciones federales para el porte de armas, después de que el NRA ayudó a financiar sus campañas políticas? Argumento de unos, y la indignación de otros, algo ya natural en Estados Unidos.

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