Cuando Cuba derrotó la encerrona de la OEA. POR: JORGE WEJEBE COBO / SERVICIO ESPECIAL DE LA ACN

El presidente estadounidense Dwight D. Eisenhower aprobó el 17 de marzo de 1960 el “Programa de acción encubierta contra el régimen de Castro”, fundamentado en operaciones terroristas, subversivas, infiltraciones y agresiones armadas, junto a medidas como el bloqueo económico, comercial y financiero, intentos de aislamiento político y sanciones diplomáticas.

Estas últimas serían llevadas a cabo por la Organización de Estados Americanos (OEA), de acuerdo con las órdenes recibidas de la CIA, pero ese sería el primer gran fracaso del programa.

La Central de inteligencia yanqui movió rápidamente a sus títeres de la OEA y le correspondió al gobierno peruano solicitar una reunión de esa organización en los días del 22 al 29 de agosto de 1960, en la ciudad de San José de Costa Rica, que tenía como objetivo hacerle una encerrona a Cuba y acusarla de mantener una política inconsecuente con los presuntos principios democráticos de la región.

Esperaban que la mayor de las Antillas acudiera a la cita en posición defensiva y apegada a los viejos moldes neocoloniales de esa organización y tratara de justificarse, mientras la inmensa mayoría de los países presentes en aquel momento  aliados a EE.UU. tomarían la ofensiva diplomática y convertirían el cónclave en una denuncia del papel de la Isla como promotora de la política soviética en la región, lo que sería amplificado por los medios a nivel global.

Pero los que prepararon la maniobra se equivocaron en sus cálculos de principio a fin.

En Cuba se vivía una verdadera Revolución, muy diferente al proceso nacionalista desarrollado en Guatemala en 1954 derrotado por las fuerzas de los mercenarios de la CIA y favorecido por la inconsistencia del entonces presidente guatemalteco Jacobo Arbenz, victoria que pensaban los estrategas de la Casa Blanca repetir contra la Isla.

El Líder Fidel Castro, desde el inicio comprendió la jugada y días antes  de la reunión denunció que no era más que una maniobra yanqui y que el gobierno de Estados Unidos en esos momentos había prestado 53 millones de dólares al gobierno de Perú, el mismo que  asistía  como principal acusador contra el proyecto social cubano.

Además, adelantó que La Habana iría no solo a denunciar la agresión contra su economía, sino a revelar todas las agresiones que se habían perpetrado contra los pueblos de América Latina, y proclamó: «Si los yanquis intentan destruir la Revolución Cubana por la fuerza, ¡no encontrarán aquí su Guatemala, sino que encontrarán aquí su Waterloo!».

Bajo esos preceptos asistió la delegación cubana, presidida por el Ministro de Relaciones Exteriores Raúl Roa García, a quien los pueblos de la región denominarían Canciller de la Dignidad, y que echó por tierra los cálculos imperialistas.

En una de sus primeras intervenciones Roa expresó: “Digámoslo ya sin ambages. El Gobierno Revolucionario de Cuba no ha venido a San José de Costa Rica como reo, sino como fiscal. Está aquí para lanzar de viva voz, sin remilgos ni miedos, su yo acuso implacable contra la más rica, poderosa y agresiva potencia capitalista del mundo”.

El día 27 de agosto Roa denunció la injerencia de los Estados Unidos en la redacción del proyecto de resolución de la Conferencia, ejerciendo presión sobre distintos cancilleres, con el fin de torcer su voluntad en contra de la ínsula.

Reveló las irregularidades presentes en el desarrollo de los debates, y destacó que allí no podía discutirse bajo la presión del vicepresidente Nixon, que expresó que «bastaba solamente terminar con el gobierno de Fidel Castro», y la declaración del Pentágono que manifestó tenía «listas sus tropas para asaltar a Cuba ante cualquier indicación de la Conferencia de Cancilleres».

Antes de retirarse de la sesión plenaria el Canciller Roa, declaró: “Señor presidente y señores Cancilleres: la delegación de Cuba que me honro en presidir ha decidido retirarse de esta Reunión de Consulta de Cancilleres Americanos.

La razón fundamental que nos mueve a ello es que no obstante todas las declaraciones y postulaciones que aquí se han hecho en el sentido de que Cuba podía tener en el seno de la Organización de Estados Americanos a la cual pertenece, protección y apoyo contra las agresiones de otros estados americanos, no han tenido eco, resonancia ni acogida alguna. Me voy con el pueblo, y con mi pueblo se van de aquí los pueblos de Hispanoamérica”.

Parte del público comenzó a aplaudirlo y se escucharon consignas de «Patria o Muerte», «Venceremos», y algunos cantaron el Himno Nacional y en la calle a los cubanos siempre les escoltaron manifestaciones populares de solidaridad de los costarricenses. Ese día fracasó en toda línea aquella primera acción diplomática del plan subversivo contra la Isla aprobado solo cinco meses antes.

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