Pablo Milanés en La Habana: Comienzo y final de un reencuentro. Por: Oni Acosta Llerena

Pablo Milanés realizó un concierto único en La Habana como parte de su gira Días de Luz. Foto: Ariel Cecilio Lemus.

Pablo Milanés volvió a La Habana, a esa Habana pletórica de cromatismos y columnas, vitrales y mestizajes. Este concierto –insertado por Pablo dentro de su gira Días de Luz– llegó a nuestra capital con el formato de trío, una formación casi desconocida para nosotros, acostumbrados durante años al sonido de banda que nos hace acudir una y mil veces a la memoria afectiva cuando se habla de más de 40 años de canciones escritas por él.

Es importante recalcar el apoyo y colaboración de diversas instituciones cubanas para la realización de este concierto único en La Habana, entre ellas, el Ministerio de Cultura, el Instituto Cubano de la Música, el Instituto Nacional de Deportes, Educación Física y Recreación; además del equipo de trabajo de Pablo, con lo cual se logró una puesta en escena edificada a muchas manos, con el respeto y camaradería propias de un empeño como este. Todo ello también transitó por fértil vereda, en mi opinión, gracias al excelente diseño y concepción sonora de Mauricio Blanco, conocedor desde hace años del concepto musical de Pablo y su estrecho colaborador en estas lides. Vale resaltar el esfuerzo colosal de todas las instituciones para propiciar este encuentro en medio de una delicada situación energética para el país. El apoyo desde el primer momento a este proyecto de honda valía para la audiencia nacional demuestra la proyección de inclusividad y de defensa de nuestro arte y nuestra cultura, esencias que sigue amparando la institucionalidad cubana.

¿Qué novedades traía este encuentro con Pablo? El tiempo y la obligada ausencia del trovador de escenarios nacionales, marcado por la pandemia de COVID-19, en gran medida lograron –quizás– acrecentar las expectativas de su público insular.

“Para este concierto en la capital fueron escogidas unas 20 canciones de momentos varios y no solo de las etapas creativas más conocidas de Pablo”.

Cuando se habla con seriedad de su legado autoral, innegable por demás, también deberán adicionársele los diferentes momentos de dirección musical de sus variopintas etapas, y de figuras importantísimas en el entorno cubano y personal de Pablo. Si nos remontásemos a una llamada etapa inicial en cuanto a formato de pequeña banda para sesiones de grabación y, posteriormente, para presentaciones, hay que recordar a Emiliano Salvador (piano), Frank Bejerano (drums), Eduardo Ramos (bajo) y, más tarde, Jorge Aragón (piano y dirección musical), a quienes también se le sumaba la guitarra del cantautor dibujando algunos colores en no pocas canciones. Luego vendrían otros músicos a integrar dicho formato, aunque ya se les agregaban aditivos que se correspondían con necesidades expresivas de Pablo y, lógicamente, con la búsqueda y consolidación de nuevas estéticas compositivas. Osmani Sánchez (drums), Orlando Sánchez Cubajazz (sax tenor), Miguel Núñez (piano, teclados, dirección musical), Eugenio Arango (percusión cubana), Germán Velazco (flauta, sax soprano, teclados), Lázaro Dagoberto González (violín, teclados) también aportaron indudablemente.

Si nos centramos y analizamos someramente parte de su aventura discográfica, notaremos que Pablo fue evolucionando desde la concepción del trovador con guitarra hasta llegar a un universo colmado de atrevidas sonoridades, donde el concepto de “acompañar” ha tenido una importancia vital para su proyección. Recordemos en esa línea un proyecto en vivo que culminó en un disco de 1992, cantando boleros y canciones en Tropicana con un eje acompañante fundamental: el guitarrista Martín Rojas, tal vez en una suerte de canalizar intentos discográficos anteriores, cuando Pablo interactuaba también junto a Compay Segundo o Cotán, por ejemplo. Siendo morfológicamente coherentes, no puede sorprendernos entonces que Pablo retome un concepto concertante como el de esta gira, conformado por guitarra (él), piano y chelo.

Arduo y coherente trabajo el de Miguel Núñez en el piano y la dirección musical, así como el de la cellista, también cubana, Cary Rosa Varona. Foto: Ariel Cecilio Lemus

De esa manera nos sumergimos en el politonal mundo de viejas y nuevas canciones que adquieren un sabor diferente, revisitadas y con profundas miradas, incluso más exigentes de lo que podamos imaginar. Un trabajo arduo y coherente de Miguel Núñez en el piano y la dirección musical, así como la chelista, también cubana, Cary Rosa Varona, en una travesía exenta de simplismos y maniqueísmos. Para este novedoso trío, el peso recae no solo en la destreza de sus intérpretes, sino además en la sutileza y los matices de cada arreglo, a lo que debemos sumarle el aprovechamiento de las potencialidades de cada músico en escena.

Para este concierto en la capital cubana fueron escogidas unas 20 canciones, de momentos varios y no solo de las etapas creativas más conocidas de Pablo. Fruto también de colaboraciones y experimentaciones llegaron: “Cuando tú no estás” y “Flores del futuro” (Flores del futuro, 2016, con música de Miguel Núñez y textos de Pablo), así como “Los males del silencio” (Renacimiento, 2013). El resto fueron temas muy conocidos que comprendían casi toda una época de la canción cubana y latinoamericana que es imposible no admirar.

¿Pero, cómo mantener en vilo un encuentro así con tan solo dos instrumentos como protagonistas? Pienso que la combinación piano-chelo, así como el sentido de contra canto de este último con la voz y, obviamente, con el piano, más allá de traducirse en aversión sonora se convierte en un elemento concertante del más férreo rigor musical. Si ahondamos en la literatura de la música de cámara, encontraremos el conocido Trío de piano, conformado normalmente por un violín, encargado de la melodía principal, un chelo a cargo de los bajos y de responderle con melodías secundarias (contra canto) al violín, y un piano, que solía encargarse de la armonía, e incluso, a veces, de la melodía. Era uno de los grupos de cámara más utilizados en el siglo XVIII llegando incluso al XIX. Para nuestra comparación, solo tendríamos que eliminar el violín de este ejemplo y reemplazarlo con la voz, resultando increíblemente concordante el resultado sonoro. El mismo concepto cameral de ese formato europeo es el asumido hoy por Pablo y sus músicos, también enriquecido por los aportes vocales de Miguelito y Cary Rosa para contextualizar algunas canciones que, concebidas por Pablo, llevan obligatoriamente el uso de la segunda voz, como, por ejemplo: No ha sido fácil, Si ella me faltara alguna vezCanción (conocida popularmente como De qué callada manera, poema de Nicolás Guillén) y otras escogidas para este encuentro.

Miguelito Núñez y Pablo. Foto: Ariel Cecilio Lemus.

La máxima exaltación y ejecutoria de cada uno de estos músicos para lograr una comunión perfecta es el soporte ideal de estos conciertos, concebidos con un aparente minimalismo de apenas un protagonista con dos acompañantes durante más de hora y media de programa. Ello va más allá de esa visible ecuación para replantearnos una atrevida sugerencia conceptual que, reitero, ha estado presente en la carrera de Pablo, a veces más o menos marcada, pero siempre latente.

Dentro de esas reminiscencias que deben concatenarse con la dramaturgia de cada tema y que rozan la incesante búsqueda de un arreglista como Miguelito Núñez, podríamos apuntar hacia la mencionada No ha sido fácil, al agregársele una hermosa y difícil introducción instrumental. A modo de leitmotiv, esa pieza ya tenía vida propia dentro de la banda sonora que le fue encargada a Pablo en 1985 para la serie televisiva Algo más que soñar; para este arreglo se le añade dicho pasaje al inicio de la canción. Así, evidentemente, se busca seducir a nuevas audiencias gracias al lirismo y fraseo enérgico del chelo o, en otro sentido, preparar auditivamente a quienes pertenecemos generacionalmente a esa fértil etapa musical de Pablo.

Pablo nos hace creer que siempre será el comienzo y final de una hermosa canción en esta, su Isla que siempre le aguarda con respeto y amor infinitos. Foto: Ariel Cecilio Lemus.

Para algunos, esta visita de Pablo y su gira a La Habana abre o cierra ciclos; para unos es reencuentro y para otros es primera vez, cuando los rumores alertan sobre un posible retiro del cantautor. Pero su voz aún robusta a pesar del tiempo y su salud, nos hace creer que siempre será comienzo y final de una hermosa canción en esta, su isla que siempre le aguarda con respeto y amor infinitos.

(Tomado de La Jiribilla)

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