Fórmula mortal: los monopolios de la industria de la leche que obtienen ganancias a expensas de los bebés. Por: Amy Goodman, Denis Moynihan

Estados Unidos enfrenta la mayor crisis de escasez de leche de bebé. Un estante de leche en fórmula para bebés casi vacío en Las Vegas. Foto: DPA

En octubre de 2021, un denunciante envió a la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos, la FDA, un informe que detallaba infracciones a las normas de seguridad e higiene en la planta de Laboratorios Abbott ubicada en al ciudad de Sturgis, en el estado de Michigan, la fábrica de leche de fórmula para bebés más grande de Estados Unidos. La agencia gubernamental demoró varios meses en tomar medidas al respecto y Laboratorios Abbott despidió al denunciante. Cuatro bebés que habían consumido leche de fórmula producida en esa planta sufrieron infecciones bacterianas y dos de ellos murieron. La FDA no pudo vincular de manera concluyente esas muertes e infecciones con la fórmula láctea elaborada en la planta de Michigan. Sin embargo, en febrero de este año, la empresa cerró la planta y anunció que voluntariamente retiraba del mercado la leche de fórmula para bebés fabricada en la planta de Sturgis. Por su parte, la FDA emitió una advertencia sobre el producto. La escasez de leche de fórmula que atraviesa actualmente Estados Unidos, que pone en peligro la vida de muchos bebés, no se debió a un desastre natural ni a circunstancias fuera del control de Laboratorios Abbott. Fue, en cambio, un resultado predecible generado por la codicia corporativa, el encubrimiento y un organismo de control presionado por grupos de interés.

Cuatro empresas dominan el 90% del mercado de leche de fórmula infantil en Estados Unidos. Laboratorios Abbott —que produce la leche Similac— lidera el 40% del mercado; y la empresa Rickett —que fabrica Enfamil (y Lysol)— le sigue en segundo lugar con un 30% del mercado. El Gobierno de Biden enfrenta cada vez más críticas por su demora en abordar los problemas de salud y seguridad relacionados con la planta de Sturgis y por no anticipar que el cierre de esa instalación iba a provocar una escasez generalizada de leche de fórmula en el país. En muchos casos, la fórmula láctea infantil es una necesidad esencial, ya que brinda nutrición vital a miles de bebés estadounidenses que no pueden amamantarse debido a alergias, condiciones inmunitarias u otras situaciones. Los padres y madres de las comunidades de color tienen más probabilidades de usar leche de fórmula durante los primeros tres meses de vida de sus bebés que las familias blancas.

El presidente de Estados Unidos, Joe Biden, se reunió este miércoles de manera virtual con ejecutivos de cinco fabricantes de fórmulas lácteas para bebés: Bubs Australia, ByHeart, Perrigo Company, Reckitt y Gerber, esta última propiedad de la empresa multinacional Nestlé. Laboratorios Abbott no participó de dicha reunión, según se informa, porque no fue invitada por la Casa Blanca. El presidente Biden ha implementado el programa “Operation Fly Formula”, una medida que reduce las restricciones a la importación de leche de fórmula para que se puedan recibir lotes de emergencia procedentes del Reino Unido y Australia. Asimismo, Biden ha invocado la Ley de Producción de Defensa para acelerar la producción de leche de fórmula para bebés a nivel nacional. Laboratorios Abbott ha estado importando leche de fórmula de sus instalaciones en Irlanda, que cuentan con la autorización de la FDA.

La agencia gubernamental recibió la denuncia del exempleado de la planta de Laboratorios Abbott en octubre de 2021, pero recién lo entrevistó en diciembre. El informe del denunciante se hizo público el mes pasado en una audiencia del Comité de Asignaciones de la Cámara de Representantes de Estados Unidos, que es presidido por la congresista demócrata Rosa DeLauro. El informe indica que “las prácticas negligentes y la violación de las regulaciones se pasaban por alto de manera constante” y que aquellas personas que se atrevían a “agitar las aguas” tenían miedo de “sufrir represalias”. Después de la audiencia, la congresista DeLauro dijo en un comunicado: “La FDA es una agencia reguladora, punto. Es hora de que actúe como tal”.

En conversación con Democracy Now!, David Dayen, editor ejecutivo de la revista The American Prospect, explicó cómo estas grandes corporaciones obtuvieron su posición dominante y consiguiente poder en el mercado de las leches de fórmula para bebés con la ayuda de un programa federal esencial:

“La razón es que tenemos un programa llamado Programa Especial de Nutrición Suplementaria para Mujeres, Bebés y Niños, o programa WIC [por sus siglas en inglés], y aproximadamente la mitad de toda la leche de fórmula [que se consume en Estados Unidos] pasa por ese programa y va a las familias pobres. La intención es muy buena. El Gobierno obtiene grandes descuentos por comprar la leche de fórmula infantil [en grandes cantidades] y luego proporcionarla a las familias de bajos ingresos. Pero cada estado hace un proceso de licitación competitiva con una compañía fabricante de leche de fórmula y, a cambio de esos descuentos por volumen, esa empresa obtiene la exclusividad del mercado. Por tanto, al final se crean estos pequeños monopolios en cada uno de los 50 estados [del país]”.

La leche de fórmula es fundamental para la nutrición adecuada de muchos bebés, pero generalmente se considera menos beneficiosa que la leche materna. La revista médica The Lancet publicó en 2016 una serie de artículos muy completos sobre los beneficios de la lactancia materna en los que se concluye que “la universalización de la lactancia materna podría evitar las muertes de 823.000 infantes y 20.000 madres cada año y generar un ahorro económico de 300.000 millones de dólares”. Los artículos publicados en The Lancet confirman que “la lactancia materna produce que los bebés tengan menos infecciones, aumenta la inteligencia, brinda una mayor protección contra el sobrepeso y la diabetes, y reduce el riesgo de cáncer en las madres”. La leche materna, concluye la investigación, “hace que el mundo sea más saludable, más inteligente y más equitativo”.

En su libro titulado “Monopolized: Life in the Age of Corporate Power” (Monopolizados: la vida en la era del poder de las grandes empresas), David Dayen describe cómo el Gobierno de Estados Unidos hostiga a los países del Sur Global que intentan promover las ventajas de la leche materna sobre la leche de fórmula. En 2018, en el marco de las reuniones de la Asamblea Mundial de la Salud —el máximo órgano de decisión de la Organización Mundial de la Salud de la ONU—, la resolución propuesta por Ecuador para “proteger, promover y apoyar” la lactancia materna fue socavada por la delegación estadounidense, que amenazó con suspender la ayuda económica a cualquier país que se opusiera a la postura de Estados Unidos. Dayen escribe que los delegados estadounidenses “estaban operando en favor de la industria global de la leche de fórmula para bebés, [un negocio] fuertemente concentrado [que genera] 70.000 millones de dólares al año”.

Luego de finalmente alcanzar un demorado acuerdo de conciliación con la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos, se espera que Laboratorios Abbott reanude las actividades en su planta de Sturgis este fin de semana y que para fines de julio la escasez de leche de fórmula infantil haya disminuido.

Mientras tanto, el poder de este cártel corporativo de fabricantes de leche de fórmula —que obtienen ganancias a expensas de los bebés y de las arcas públicas— debe ser controlado y restringido por una regulación efectiva y por consumidores empoderados.

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