Rubén Darío en la armonía del mundo

Rubén Darío en la armonía del mundo

Hace  105 años de la muerte del gran nicaragüense, proclamado por su país Héroe Nacional, al conmemorarse el centenario de su deceso.

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Una de las más célebres preguntas que en el mundo han sido nació de la lírica de un poeta nicaragüense, el máximo representante del modernismo literario en lengua española. La voz de Félix Rubén García Sarmiento, conocido universalmente como Rubén Darío, acude casi naturalmente a los labios de quienes, habiéndolo leído, al notar alguna turbación del ánimo en una niña o mujer, le expresan: «La princesa está triste… ¿Qué tendrá la princesa?»

Tal vez al decirlo, el inquisidor continúe la hermosa rima de Sonatina, y de paso experimente ese gusto que deja en sí abordar la poesía: Los suspiros se escapan de su boca de fresa, / que ha perdido la risa, que ha perdido el color. / La princesa está pálida en su silla de oro, / está mudo el teclado de su clave sonoro, / y en un vaso, olvidada, se desmaya una flor.

Muchas veces nos visitará, si lo hemos conocido, el autor de Azul, poemario iniciador del aquel movimiento, que cuidó con exquisitez el refinamiento de la expresión. Muchas veces su palabra llegará para remansar los sentidos y hacer del instante un tiempo de disfrute y reflexión.

¿Quién podrá olvidar, si fascinado ante la adaptación modernista del verso alejandrino leyó alguna vez el soneto Caupolicán, donde el héroe mapuche brilló también desde la palabra?

Mucho le debemos en materia del espíritu al hombre que escribió –ya más enfrascado en los problemas del continente– Cantos de vida y esperanza, el que fuera admirado por otros también grandes del idioma, como Juan Ramón Jiménez, Valle Inclán y Antonio Machado. A su pluma agradecemos los cubanos una de los más bellos retratos del Apóstol, a quien conociera en Nueva York, por Gonzalo de Quesada, en 1893.

«Era Martí de temperamento nervioso, delgado, de ojos vivaces y bondadosos. Su palabra suave y delicada en el trato familiar, cambiaba su raso y blandura en la tribuna, por los violentos cobres oratorios. Era orador, y orador de grande influencia. Arrastraba muchedumbres. Su vida fue un combate. (…) Su cultura era proverbial, su honra intacta y cristalina; quien se acercó a él se retiró queriéndole. Y era poeta; y hacía versos».

Hace hoy 105 años de la muerte del gran nicaragüense, proclamado por su país Héroe Nacional, al conmemorarse el centenario de su deceso.

«Si era toda en tu verso la armonía del mundo, / ¿dónde fuiste, Darío, la armonía a buscar?, escribiría Machado al saber de su partida. Si la obra de Darío no nos es ajena, ya tenemos la respuesta.

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