#Cuba: La luz de una Revolución

#Cuba: La luz de una Revolución

Tras la oscuridad de siete años de tiranía, el 1ro de enero de 1959 marcó el comienzo luminoso de una Revolución que llega victoriosa a nuestros días…

Por: Narciso Amador Fernández Ramírez

En 1956, Fidel Castro desde el exilio de México había prometido que en ese año serían libres o serían mártires. Tres años antes, en 1953, los asaltos a los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes fueron el motor pequeño que echaron a andar el motor grande de la Revolución.

Para diciembre de 1958, la tiranía de Fulgencio Batista, que había llegado al poder mediante un golpe de estado en marzo de 1952, vivía sus últimos estertores y la victoria rebelde era solo una cuestión de tiempo.

En Oriente las tropas rebeldes con Fidel al frente iban estrechando el cerco a Santiago de Cuba. Mientras en Las Villas las columnas invasoras lideradas por los comandantes Ernesto, Che, Guevara y Camilo Cienfuegos, ganaban combates tras combates y se aprestaban a darle la estocada mortal al tirano Batista; el primero, con el asedio y toma de la ciudad de Santa Clara, en el centro de Cuba, y el segundo, con el combate de Yaguajay.

Las tropas batistianas estaban totalmente desmoralizadas y la embajada norteamericana, que había sido incondicional al dictador, le había virado las espaldas y buscaba una salida negociada para frustrar el triunfo revolucionario.

Se luchaba en el frente de batalla, pero también había una lucha sorda, entre bambalinas, para impedir la llegada de Fidel a La Habana y escamotearles a los rebeldes el triunfo. La renuncia de Batista y la creación de una Junta Cívico-Militar era el as bajo la manga de la embajada yanqui.

Fidel se reúne el 30 de diciembre de 1958 en el antiguo central Oriente con el general Eulogio Cantillo. Nada de lo acordado fue cumplido por el militar castrense.

En la madrugada del 1ro de enero de 1959, Batista y un grupo de sus allegados huyen hacia República Dominicana; en tanto, otros de sus secuaces y criminales lo hacen rumbo a los Estados Unidos, donde recibieron el inmerecido refugio diplomático. En la capital cubana queda conformada una Junta de Gobierno presidida por el magistrado Piedra, con el propósito de repetir lo sucedido en 1933 tras la caída de Machado; o sea, impedir la victoria rebelde.

Fidel ordena a sus comandantes no detener la ofensiva. A Raúl le indica ocupar el cuartel Moncada. Al Che, que acaba de liberar a Santa Clara, seguir su marcha hacia La Habana e instalarse en la fortaleza de la Cabaña. Mientras a Camilo, convertido ya en el Héroe de Yaguajay, adueñarse con sus tropas de Columbia, la principal fortaleza militar el régimen recién derrotado.

Y al pueblo, en vibrante alocución pública desde Palma Soriano, el máximo líder rebelde los convocaba a no dejarse engañar: «La dictadura se ha derrumbado como consecuencia de las aplastantes derrotas sufridas en las últimas semanas, pero eso no quiere decir que sea ya el triunfo de la Revolución. Las operaciones militares proseguirán inalterablemente mientras no se reciba una orden expresa de esta comandancia, la que solo será emitida cuando los elementos militares que se han alzado en la capital se pongan incondicionalmente a las órdenes de la jefatura revolucionaria. ¡Revolución, sí; golpe militar, no!».

Esa propia noche del 1ro de enero de 1959, Fidel Castro, desde el balcón del Ayuntamiento de Santiago de Cuba, proclamaba el triunfo de la Revolución y en alegoría a lo sucedido en 1898, afirmaba que en esta ocasión los mambises sí, entrarían a Santiago de Cuba.

En su primera intervención ante los santiagueros, sentenció el Comandante en Jefe: «Ha llegado la hora de que al fin ustedes, nuestro pueblo, nuestro pueblo bueno y noble, nuestro pueblo que es todo entusiasmo y fe; nuestro pueblo que quiere de gratis, que confía de gratis, que premia a los hombres con cariño más allá de todo merecimiento, tendrá lo que necesita. Y solo aquí me resta decirles, con modestia, con sinceridad, con profunda emoción, que aquí en nosotros, en sus combatientes revolucionarios, tendrán siempre servidores leales, que solo tendrán por divisa servirles».

El enero luminoso de 1959 marcaría el inicio de una nueva etapa en la Historia de Cuba. Atrás quedaban cuatro siglos de dominación colonial y neocolonial. Por vez primera, la Mayor de las Antillas gozaba de plena libertad para todos sus hijos, sin tutelaje alguno y soberanía asegurada.

Al entrar en La Habana, el 8 de enero de 1959, el líder rebelde profetizaba que quizás en lo adelante todo fuera más difícil, y así ha sido, pero el camino trazado en ese luminoso primer mes de 1959, derivaría en la primera revolución socialista del hemisferio occidental y transcurridas más de seis décadas nos mantenemos firmes e inalterables en el rumbo marcado.

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