El mal viene del Norte

El mal viene del Norte

Por:Lídice Valenzuela

Estados Unidos (EE.UU.), en manos de un antipolítico como el presidente ultraderechista Donald Trump, está empecinado en derrocar la Revolución Bolivariana de Venezuela y para ello persiste en sus intentos desestabilizadores con un amplio espectro de medidas coercitivas unilaterales, y una ofensiva que involucra a otros países aliados al poderío norteño.

Trump no es el primer mandatario estadounidense que quiere derrocar al proceso socialista venezolano y a sus dos presidentes: el ya fallecido Hugo Chávez, y el actual y continuador de su obra, Nicolás Maduro, quienes desde 1998 dieron un giro a la nación petrolera desde el capitalismo salvaje hasta el socialismo integracionista e inclusivo.

En la actualidad, y desde que asumió el cargo hace casi cuatro años, el controvertido jefe de la Casa Blanca, catalogado como un ser irracional por psiquiatras y excolaboradores, trata de darle el golpe de gracia a Caracas, cuando apenas faltan unos 120 días para la celebración de elecciones, en las que su reelección pasa por pruebas de fuego. Antes de irse de la Casa Blanca, si se va, quiere terminar lo que él llama “el asunto de los comunistas” en la región del Sur latinoamericano.

Su política es la de asfixiar no solo al gobierno de Maduro —como también hace por Cuba por, dice, ayudar a mantenerse a la Revolución hermana— sino borrar de la faz de la tierra venezolana cualquier vestigio de los programas inclusivos echados a andar allí en los últimos 20 años, quebrar las uniones económicas y de solidaridad establecidas con importantes naciones, entre ellas China, Rusia e Irán, romper el equilibrio institucional, robarle sus reservas de petróleo —las mayores del planeta— e imponer al autoproclamado presidente Juan Guaidó en el Palacio de Miraflores.

A pesar del entramado de fuerzas impuestas por EE.UU. a países y organismos, como ocurrió en fecha reciente con el Parlamento Europeo para forzar un cambio de gobierno por la vía inconstitucional, las permanentes campañas mediáticas contra la llamada “dictadura” de Maduro, es evidente que los halcones de la Casa Blanca ignoran el valor de la unión cívico-militar fomentada por Chávez, los principios políticos, la valentía, el sentido de pertenencia nacional, la resistencia del pueblo consciente de su dignidad.

Jamás entenderán que millones de personas prefieren soportar lo que ni en sueños haría su propio pueblo. Aguantan —tanto venezolanos como cubanos— bloqueos económicos, comerciales y financieros, la carencia de combustible y de los principales alimentos y medicamentos.

Como el sistema imperialista se caracteriza por su crueldad, a Trump no le tiembla la mano para firmar nuevas sanciones unilaterales, sin preocuparse de sus propios rollos internos, entre los que su país está tomado por la pandemia del nuevo coronavirus y que cada día mueren millares de sus conciudadanos, mientras otros tantos se infectan de la COVID-19. Por el contrario, con su mentalidad prepotente e ignorante, se separó de la Organización Mundial de la Salud para no tener que seguir sus orientaciones y liberó a la sociedad para que recobrara una supuesta normalidad en la producción y los servicios.

Venezuela está también presionada por la enfermedad que azota a la humanidad. Solo que, al contrario del ultraderechista mandatario, el gobierno se preocupa, en su angustiosa situación económica, de dotar a su sistema de salud de los elementos necesarios para el enfrentamiento a la letal dolencia, ayudado por la solidaridad de países amigos, entre ellos Rusia, Cuba y China, además de Irán, que transporta desde sus lejanas tierras el combustible que ayudará a reanimar la economía.

Venezuela denuncia, critica, advierte en los órganos internacionales la política injusta y arbitraria del líder republicano y de sus socios en distintas partes del mundo, pero, a la vez, mantiene sus planes de subsistencia sin descuidar la búsqueda de la soberanía alimentaria, el proceso de diálogo interno con la oposición y los preparativos de las elecciones parlamentarias del próximo diciembre.

Este año, el equipo de halcones de la ultraderecha republicana que acompaña a Trump apretó aún más las clavijas contra Venezuela. Le ha bloqueado casi 10 mil millones de dólares en EE.UU. y en Europa, en especial, violando las normas jurídicas internacionales, 31 toneladas de oro en el Reino Unido, que, según ese país, serán entregados a Guaidó, a quien considera el presidente legítimo de los venezolanos.

Se trata de mil millones de dólares en lingotes de oro que Venezuela utilizaría para la compra de material sanitario y otros insumos urgentes para reforzar su lucha contra la COVID-19.

En febrero pasado, Caracas acudió a la Corte Penal Internacional para denunciar a Washington por las sanciones contra su economía y reclamó a la fiscal jefe del tribunal, Fatou Bensouda, una investigación por crímenes de lesa humanidad cometidos por la aplicación de medidas coercitivas unilaterales.

Pero si bien es atacada de continuo por los imperialistas y sus comparsas, Venezuela cuenta con la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB), que además de sus soldados regulares posee una milicia popular integrada por más de tres millones de personas, amén de la colaboración en ese campo con países de gran poderío militar, como Rusia.

No es secreto que los imperialistas estadounidenses gustan de pavonearse y demostrar —pues viven creídos de ello— que son los gendarmes del mundo y están destinados a gobernar el planeta. Grave error.

En su guerra no declarada contra Venezuela, provocan y tratan de buscar un pretexto —siempre fallidos hasta ahora— para intervenir con sus soldados en la tierra del Libertador Simón Bolívar.

Esa política alcanza ribetes de alta peligrosidad. Luego de meses de supuestos ejercicios militares en el mar Caribe, el buque de guerra estadounidense USS Pinckney (DDG-91) ingresó de manera furtiva en la Zona Contigua de Venezuela, que no ripostó la amenaza, demostrando la madurez y profesionalidad de las FANB.

El ministro de defensa del país suramericano, Vladimir Padrino López, reivindicó la actitud de sus tropas para responder, dijo, de manera contundente en la protección de la soberanía, si fuera necesario.

Padrino López sostuvo que se trata de un acto vergonzoso e insensato contra Venezuela y calificó de “infantiles” las declaraciones del Comando Sur que merodea en el Caribe.

Poco antes, el comandante estratégico operacional de la FANB, Remigio Ceballos, sentenció que el componente castrense está presto para garantizar la soberanía de Venezuela.

En un mensaje en Twitter, Ceballos precisó que “Somos una nación libre soberana e independiente” y ratificó que la FANB junto al pueblo y su Milicia Bolivariana garantizaremos el combate victorioso de la patria en aire, tierra y mar, contra todas las amenazas”.

El Comando Sur, por su parte, advirtió que era su derecho navegar libremente y desestimó la reclamación de Caracas. Esta maniobra es liderada por el destructor de misiles guiados clase Arleigh Burke, USS Pinckney (DDG 91), uno de los más grandes y potentes construidos por los norteamericanos.

Entretanto, el canciller Jorge Arreaza rechazó este viernes el colonialismo que pretende imponer EE.UU. a Latinoamérica.

La asociación militar imperial con aliados de Suramérica fue puesta de manifiesto, una vez más, en un video que muestra al jefe del Comando Sur presentándole al mandatario estadounidense a dos militares de alto rango de Colombia y de Brasil, que están al servicio de su gobierno. Arreaza dijo que tal servidumbre “le hierve a uno la sangre, (…) . No quiero ni imaginar la indignación que sentirán los pueblos y militares” de esas dos naciones.

También se pronunció al respecto el embajador venezolano en Naciones Unidas, Samuel Moncada, quien subió el video tomado durante la visita de Trump al Comando Sur. “Trump y sus secuaces ven a generales colombianos y brasileños como empleados que le deben obediencia. Es el colonialismo humillante que quieren imponer a Venezuela. Nuestra lucha es por la dignidad e independencia nacional. ¡Los soldados de Venezuela no son empleados de Trump!”, expresó.

Sería extensa la relación de los daños ocasionados por el régimen republicano al pueblo y gobierno socialista que pretenden dominar y humillar. Pero, hasta ahora, y nada anuncia un cambio al respecto, han fracasado en sus propósitos. Se denota que Trump y sus asesores desconocen la estirpe de las mujeres y hombres de América Latina y El Caribe. Para el multimillonario presidente la vida se resume en dos palabras: dinero y poder, ignorando que existen millones de seres humanos que piensan en otras palabras diferentes: vergüenza y principios.

Sentimientos que, dudosamente, podría sentir el anciano de 74 años, de cabellos anaranjados, con mente empobrecida al extremo de pensar en vender la isla de Puerto Rico, que considera de su propiedad, como si se tratara de un inmueble más en el negocio en que se siente como Rey.

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